Un Año de la Innovación con pocas Innovaciones

hugo l1HUGO LAVADOS
Es un lugar común hablar de la importancia de la innovación para el crecimiento económico; de hecho, hace una década se creó el Consejo Nacional de Innovación para la Productividad y algo antes, una filial de Corfo llamada Innova, que ha contado con recursos para financiar proyectos en esa materia.
Cuando me correspondió encabezar el Ministerio de Economía, se inició el programa de atracción de Centros de Investigación Tecnológica, que este gobierno ha materializado con la incorporación de institutos del más alto nivel mundial. Para terminar este rápido y, sin duda, incompleto recuento, debemos señalar una de las iniciativas más difundidas de la actual administración, como es el apoyo para instalar empresas que apliquen conocimientos nuevos, de alto nivel tecnológico.

El pasado año 2013 fue declarado el año de la innovación, y ha trascurrido, aunque sea en contrasentido, sin mayores novedades, es decir, no hemos innovado en temas de innovación y lo anterior es particularmente cierto en temas vinculados al aumento de productividad en las pymes. Las razones de la afirmación anterior tienen que ver con los factores que inciden con mayor fuerza en la productividad de estas empresas, tanto desde el punto de vista de su funcionamiento interno, como el contexto en que ellas se mueven. Existe una brecha entre los programas y la realidad de las Pymes.

Existen elementos de los esfuerzos por innovar en Chile, que están presentes en las empresas y en las políticas públicas, que han frenado la posibilidad de generar los aumentos de productividad necesarios para tener una tasa de crecimiento potencial de la economía más alta que la actual.

Deseo enfatizar alguno de esos elementos; primero, de la mala calidad educacional, junto a la baja cobertura existente hasta hace dos décadas, ha resultado una consecuencia en cierto modo lógica. Hemos conocido recientemente que más del 44% de los adultos son analfabetos funcionales; un 42% no comprende los documentos que revisa y un 51% no es capaz de realizar operaciones matemáticas básicas, cifras que no han mejorado en 15 años. Desde el punto de vista de la productividad y la innovación esos números son demoledores. No es necesario argumentar por qué esas cifras inhiben la aplicación de tecnologías más complejas y, por lo tanto, frenan el incremento de la productividad.

El segundo factor de desajuste de los programas sobre innovación, es su excesivo acento en aplicar la frontera del conocimiento, con escasa consideración en el mejoramiento de los procesos productivos, en aspectos muchas veces simples en la operación de una empresa y que pueden hacer una gran diferencia en el producto por trabajador, en especial en actividades del sector servicios, el más dinámico en empresas y empleo.
Los recursos destinados a innovación por el Estado y también por las empresas son muy reducidos en relación a los que deberíamos...

 

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