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Los Emprendedores Rockstar y Usted

Gonzalo Illesca / Fotografía: Darío Vargas Gonzalo Illesca / Fotografía: Darío Vargas
Gonzalo Illesca
Director de HumanUp
Me pareció muy paradójico leer hace poco a un emprendedor, relativamente conocido dentro de nuestro pequeño ecosistema, hablando a sus “amigos” en redes sociales para que por favor “se les dejara de decir rockstars a los emprendedores” porque les afectaba el ego. Paradójico, porque el punto no es que al emprendedor le digan que es un rockstar sino que él se crea ese cuento. Además, creo que ese tipo de peticiones públicas son actos de falsa modestia.

Vivimos en un país lleno de “expertos”, “gurúes” y “rockstars”, tal como muchos emprendedores y gerentes de incubadoras, sin tapujos, se hacen llamar. Esto es un pésimo síntoma: vivimos del exitismo."

A los “emprendedores” les encanta sentirse especiales, “estrellitas”, postear en redes sociales sobre sus supuestos éxitos (conseguir un financiamiento en Corfo, dar charlas o aparecer en medios) y dejar que sus redes o amigos los halaguen en Facebook. Son personas que no buscan vender o tener clientes, sino alcanzar las luces.
Vivimos en un país lleno de “expertos”, “gurúes” y “rockstars”, tal como muchos emprendedores y gerentes de incubadoras, sin tapujos, se hacen llamar. Esto es un pésimo síntoma: vivimos del exitismo. Y es pésimo porque, en general, me parece que cualquier persona que intenta sobrevender o demostrar sus logros, sencillamente hace lo mínimo que uno espera de cualquiera: hacer bien el trabajo.
 
Ese exitismo termina minando todo y a mi juicio es un peligro para nuestra cultura. El exitismo termina derivando en una variable muy sutil pero igualmente dañina: el elitismo. ¿A quiénes conocemos hoy como “emprendedores”? ¿A un joven que diseña una app y pretende levantar US$1 millón con inversores, aunque no tiene usuarios –más que sus amigos y familia que alaban las bondades de lo que “inventó”–? ¿O el panadero que reparte sus productos a pequeños almacenes? El primero tiene tarjetas de presentación con un cargo apoteósico (CEO, Chief Evangelist, etc.), escribe sobre las charlas TED que lo han motivado, asiste a cuanto evento “emprendedor” existe, ofrece consejos en redes sociales… pero sigue sin vender ni un peso. El segundo, humildemente, mueve al país. El tema es que, en nuestros círculos, los “emprendedores” tienden tácitamente a menospreciar o creer que no podemos aprender nada de estos sencillos panaderos, almaceneros, costureras o peluqueros. Y estos son los verdaderos emprendedores.
 
Pero quiero ser claro: creo que necesitamos a ambos emprendedores, tanto tecnológicos como tradicionales. Lo que tenemos que inculcar es humildad. Nadie es superior a nadie. Todos somos parte valiosa en un mercado donde interactuamos. Dejemos de creer que estamos “cambiando el mundo”: solo debemos hacer bien nuestro trabajo. El mundo no se cambia con buenas intenciones, likes, charlas ni con deseos de figurar; el mundo cambia cuando cada uno hace lo que debe hacer. Y cuando estamos haciendo esto, no tenemos razón para jactarnos.

Con humildad todo es más sencillo: se facilita el aprendizaje, se establecen confianzas, se potencia el servicio a clientes y se crean estructuras de negocios fuertes. Paremos con el show falso de creer que el éxito de Steve Jobs, Gordon Ramsay y José Mourinho se debe a sus personalidades prepotentes y...
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