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La innovación no es Poesía

La innovación no es Poesía
Patricio Ovalle
Director Centro de Competitividad U. del Pacífico
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No creo que haya un chileno que pueda estar en desacuerdo con el anunció reciente de Bachelet de la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, considerando el nefasto 2015 que tuvo Conicyt, con dos presidentes renunciados, hastiados de que todas las decisiones se basen en "cálculos políticos" como declaró su último líder, Bernabé Santelices, Premio Nacional de Ciencias Naturales, por cierto.

Más allá de las ciencias, el impacto en la economía de este avance que se pretende dar es mayúsculo. La innovación no es poesía. Necesariamente tiene que traer consigo un retorno económico o social, idealmente ambos. De lo contrario no es innovación."

 
Más allá de las ciencias, el impacto en la economía de este avance que se pretende dar es mayúsculo. La innovación no es poesía. Necesariamente tiene que traer consigo un retorno económico o social, idealmente ambos. De lo contrario no es innovación.

Existe en Chile una conceptualización muy académica respecto a la innovación, que la mayoría de las veces se queda en la discusión sobre su real significado y no profundiza en su aplicación. La innovación debe medirse en cuánto a sus resultados, los que son definidos por el mercado, no por el productor ni el emprendedor.

La innovación está intrínsecamente ligada a la productividad. Es el antioxidante y fertilizante de las empresas que les permite seguir fuertes y vigorosas, aumentando así las probabilidades de éxito. Sin tener eso claro, cualquier esfuerzo por potenciar el ecosistema emprendedor puede volverse infértil incluso antes de finalizar.

Con todo, es importante que sepamos que estamos en mejor pie que nunca para hacer los cambios que necesarios y fortalecer de una vez por todas nuestras instituciones y aprovechar nuestras fortalezas para salir de una vez del subdesarrollo.

El Global Enterpreunership Index 2016 –que mide la capacidad innovadora de las economías del mundo- nos muestra en una posición de adelanto impresionante respecto al resto de la región.

Entre 132 países, somos el número 16 del ranking encabezado por Estados Unidos, Canadá, Australia y Dinamarca, superando así con creces a Brasil (92º), Argentina (61º), Perú (70º) y Colombia (43º) y México (87º). La percepción de oportunidades, la innovación de productos y las habilidades de las StartUp fueron considerados factores claves por el GEI para explicar nuestro desempeño.

Ante este escenario, nuestro desafío ahora es acercar la innovación a la micro, pequeña y mediana empresa. Hoy está muy lejana de ellas, es un concepto casi inexistente en los rubros más bien tradicionales, que representan el 90% del empleo en Chile. En la panadería, las manufactureras, en el almacén del barrio y para qué hablar de las regiones. Simplemente no se ve la innovación.

Las estadísticas indican que 9 de cada 10 empresas mueren al quinto año de vida. La imposibilidad de adaptarse a través de soluciones innovadoras es el resultado más común en sus autopsias.

La primera tarea que estas cifras nos imponen, entonces, es cambiar el foco, que en este momento está puesto en el nacimiento de empresas y ponerlo en hacer productivas a las ya existentes. Que no son pocas. Entre 2006 y 2009 se declararon en Chile cerca de 150 mil empresas, entre 2010 y 2014 se crearon otras 250 mil empresas. Si vamos a las cifras, sólo una de nueve se mantendrá con vida en 2019.

¿La razón? La falta de innovación. Por ello desafío más importante ahora es generar las condiciones para que las empresas desarrollen ventajas competitivas basadas en la innovación para ampliar su horizonte de vida.

En segundo lugar hay que terminar con los subsidios directos a la micro, pequeña y mediana empresa porque sólo funcionan como un respirador artificial que las mantiene con vida y en muchos casos se vuelve una especie de droga que vuelve adictos a los emprendedores. Los subsidios no incentivan el crecimiento de las pymes.

A cambio se pueden redireccionar esos subsidios a las empresas más grandes para que sellen alianzas estratégicas con las pymes como proveedoras y así lograr un encadenamiento productivo rentable para todos.
Tener un negocio no es sinónimo de ser emprendedor, así como ser emprendedor no es sinónimo de ser innovador. Llegó el momento de generar indicadores de impacto real de las políticas públicas que fomentan la actividad emprendedora.

Como país debemos generar un ecosistema que aumente las probabilidades de éxito de nuestras empresas, generar redes efectivas de mentores reales "que la hayan hecho o la estén haciendo", no charlistas, sino guías que apoyen y orienten a otros emprendedores a partir de la experiencia.

Simultáneamente, los emprendedores deben dejar de buscar clientes para sus productos y buscar productos y servicios que entreguen soluciones para sus clientes. Así no habrían tantos emprendedores enamorados de ideas que nadie quiere comprar, sino más bien sintonizados con los clientes y al servicio de ellos. Ahí está la clave de la productividad y rentabilidad, pero para lograrlo el único camino es la innovación.

 

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