La industria del conocimiento: La clave para el desarrollo

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JAIME ARNAIZ
Caer un puesto en el ranking global de la competitividad no es radicalmente significativo. Sin embargo, seguir cayendo de manera sostenida desde 2004 cuando Chile alcanzó su mejor posición (22), es un problema mayor que exige una relectura de la estrategia de desarrollo.

Chile ha mantenido sus fortalezas basadas en un sólido entorno macroeconómico, una adecuada estructura institucional, un presupuesto público equilibrado y bajos niveles de deuda pública. Esa estrategia funcionó en una primera etapa, sin embargo, en el estadio actual, los desafíos dicen relación a los cambios estructurales que debemos generar para posicionarnos efectivamente como una economía basada en el valor del conocimiento.

De los 12 pilares que mide este ranking, nuestro país muestra su peor desempeño en educación (74) y en innovación (107), el que claramente se ve afectado por la baja inversión en I+D. Los países de la región comienzan a mostrar mejoras significativas precisamente en los pilares que distinguieron a Chile durante los últimos veinte años. La competencia se hace más compleja, un cambio que obliga a replantear la estrategia País, para pasar de una economía basada en la eficiencia de los procesos a una sustentada en el conocimiento.

La calidad de la educación ya no es sólo un imperativo moral, sino también es un desafío de primer orden. La educación que estamos entregando es de baja calidad y por otra parte el conocimiento que se está generando es insuficiente o no alcanza a llegar al mercado.

No tiene sentido mantener un bajo gasto y un bajo nivel de endeudamiento fiscal si el país no es capaz de resolver el problema de fondo. Las políticas educacionales no sólo deben mirarse como "políticas sociales", ya que el desarrollo de nuestro país dependerá del éxito de éstas. Estamos desperdiciando nuestro principal activo, "el talento".

Para dejar de ser una economía en vías de desarrollo, el sector público y privado deberá atreverse a realizar un cambio paradigmático. Si aceptamos que el talento está distribuido de manera homogénea en la población, la inequidad de la educación y sus deficiencias estructurales tienen un impacto decisivo. Y si entendemos que la clave para el desarrollo está en la industria del conocimiento, entonces debemos asumir que el desafío es innovar, generar un alto volumen de ideas y llegar con ellas al mercado de manera eficiente y rápida. Fomentar políticas agresivas pro-innovación que se mantengan en el tiempo, incentivos efectivos a la producción de conocimiento, la transferencia tecnológica, el emprendimiento dinámico y el incentivo a la inversión en I+D.

Para que el capital humano pueda generar valor se requiere también capital social, un conjunto de relaciones de confianza que facilitan la generación de negocios. Los mil millones de dólares en los programas relacionados con el año de la innovación, son buena señal, pero el "Big Punch" que necesitamos es bastante más que eso y en ello las empresas tienen mucho que decir.

Es el momento para hacer cambios. Dar un giro al paradigma de desarrollo que ha predominado, dar el paso definitivo a la economía basada en el conocimiento, es decir, una sociedad donde el talento y la capacidad de crear valor, constituyen un valor preciado.

 

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