Impuestos Ambientales en la Reforma Tributaria

La reforma tributaria, actualmente en discusión, incluyó un ítem que podría llamar la atención por novedoso, tanto en el país como en la región, y que podría ser tomado como un avance de Chile en su trayectoria hacia la sustentabilidad. Me refiero a los impuestos verdes.
Si revisamos lo que ha dicho la hoy presidenta Bachelet, cuando aceptó la candidatura en marzo de 2013, que "el verdadero desarrollo no existe si no es inclusivo y sustentable", y observamos que también mencionó el tema en su primer discurso una vez asumida la presidencia, donde afirmó que "los compromisos contraídos requieren de un país dinámico, que crea empleos de calidad, que capacita, emprende e innova y de una sociedad donde los desafíos del crecimiento demandan no solo eficiencia, sino también el acuerdo político y humano con inclusión y sustentabilidad", y que "Chile no es solo un listado de indicadores o estadísticas, sino una mejor patria para vivir", pareciera que la sustentabilidad está inserta en la agenda política y el impuesto que se está discutiendo podría ser una iniciativa que permita al país avanzar en esta dirección.
Como miembro de la OCDE, Chile es uno de los pocos países que no contempla impuestos específicos relacionados con el medio ambiente. El gravamen propuesto, pretende incentivar a las empresas más contaminantes para que busquen alternativas más limpias e incrementar el uso de automóviles con bajas emisiones de CO2, el principal responsable del calentamiento global.
Con esto, Chile empieza a corregir algunas externalidades ambientales que hasta ahora eran controladas con reglamentos e instrumentos específicos que no fueron creados con la finalidad de estimular cambios tecnológicos o inducir la adopción de prácticas enfocadas a la reducción de emisiones, así como tampoco buscaban recaudar fondos, sino que -más bien- tenían la función de castigar.
Cabe recordar que Chile no solo es miembro de la OCDE, organización en la cual, en promedio, los impuestos relacionados con el medio ambiente representan entre un 2,0 y un 2,5% del PIB, sino que ha asumido un compromiso ante la comunidad internacional en relación a sus emisiones y no cumplirlo o no demostrar una real intención de avanzar en la reducción de estas, podría dejar al país con la reputación algo dañada, no solo desde el punto de vista ambiental. La competitividad ya no se mide solo por la cantidad de horas hombre o materia prima utilizada. El país volvió a perder posiciones en el Índice de Competitividad elaborado por el Foro Económico Mundial y, aunque se mantiene a la cabeza de América Latina, los descensos han sido sistemáticos en los últimos años. Entre los temas en los cuales su desempeño es más deficiente, están el financiamiento de la innovación y la capacidad para innovar, ambos cruciales para el desarrollo de cualquier país. Por lo tanto, ya no podemos seguir haciendo las cosas como las hacíamos antes y menos en temas relacionados con el medio ambiente.
Entonces, cabe hacerse la pregunta ¿aunque el precio de la energía pueda incrementarse, vale la pena contar con una herramienta de este tipo? La respuesta es sí, sin duda. Desde el punto de vista económico, el impacto de este impuesto es moderado pero muy positivo para el medio ambiente dada la cantidad de emisiones de CO2 que podría llegar a reducir (6% del total en 2020 y 11% en 2030), lo que sería una gran ayuda para que Chile avance hacia una economía baja en carbono y aumente su valor. Los impuestos verdes son una buena iniciativa, que permite avanzar en esta dirección y preparar al país para una regulación más ambiciosa y que incorpore a otros sectores.
Heloisa Schneider
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