Impuestos ambientales en Chile: la Ley de Carbono

Heloisa Schneider, Experta en sustentabilidad y cambio climático Heloisa Schneider, Experta en sustentabilidad y cambio climático
HELOISA SCHNEIDER

Chile es el segundo país de América Latina en implementar gravámenes de tipo ambiental. La iniciativa nace al alero de la Reforma Tributaria que el país aprobó recientemente y que busca, de acuerdo con la presidenta de la República, generar ingresos permanentes que permitan al país alcanzar una sustentabilidad fiscal.
 
El principal objetivo de los dos impuestos ambientales incorporados en la malla tributaria nacional es velar por la salud de la población y ser un aporte al combate del cambio climático. Buscan ser un estímulo para que el país empiece a migrar hacia una matriz energética más limpia. No hay que olvidar que en Chile la producción de electricidad y el transporte son los dos mayores emisores de gases de efecto invernadero, los principales responsables del cambio climático, fenómeno que cada día es más evidente.

Desde una perspectiva ambiental, se advierte que el impuesto no sería un incentivo para contaminar menos. " 

El impuesto al carbono, que entrará en vigencia en 2017 y que empezará a ser recaudado en 2018, significa un cobro en forma de impuesto a las emisiones de carbono producidas por establecimientos cuyas fuentes fijas –calderas o turbinas– individualmente o en su conjunto sumen una potencia térmica mayor o igual a 50 MWt (megavatios térmicos). Afectará a personas naturales y jurídicas que, haciendo uso de las fuentes de emisión de estos establecimientos, generen emisiones. Cada planta pagará US$5,0 por tonelada de carbono emitido y no aplicará para fuentes fijas cuya fuente de energía primaria sea la biomasa.
 
Gravar a los combustibles fósiles en Chile significa afectar el precio final de la energía, puesto que la mayor parte de esta es generada por este tipo de combustibles (80%). Pero aun cuando puedan haber impactos económicos a raíz de la aplicación de un impuesto de este tipo, estos son muy positivos para el medio ambiente considerando que la cantidad de emisiones de CO2 que el país pudiese llegar a reducir podría alcanzar entre un 3 y un 6% del total en 2020, fecha en la cual debiéramos haber alcanzado la meta de reducción de un 20% comprometida ante la comunidad internacional. Lo que debiese esperarse de un impuesto de esta naturaleza es que las empresas, al envés de simplemente traspasar estos costos a los clientes, los perciban como un incentivo para cambiar su modelo de negocio y buscar alternativas energéticas novedosas y limpias.
 
El otro gravamen contemplado en la reforma se aplicará a los vehículos motorizados nuevos, livianos y medianos, quienes pagarán, por una única vez, un impuesto relacionado con las emisiones de óxidos de nitrógeno, contaminante muy tóxico para la salud humana y particularmente peligroso para el medio ambiente. ¿Por qué a los vehículos? Porque este contaminante se genera en un 90% por hornos y motores de combustión.
 
La ley, en su estadio actual, exentó a los vehículos de transporte de pasajeros, los camiones, camionetas y furgones de menor capacidad. Tampoco se aplicará a tractores y a vehículos eléctricos, tema que no ha estado exento de críticas. Se cuestiona por qué, si su objetivo sería el de incentivar el uso de vehículos menos contaminantes, discrimina a...
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