El temor a la Innovación es peligroso

Nicolás Shea / Fotografía: Darío Vargas Nicolás Shea / Fotografía: Darío Vargas
NICOLÁS SHEA
Muchos creen que el mundo va a cambiar; pero el mundo ya cambió. Eso explica que mucha de las prácticas y acciones a las que estamos acostumbrados ya no sean válidas. La llegada de Internet ha provocado un terremoto en que cuesta mantenerse en pie.
Esta rapidez con la cual está cambiando el mundo, provocada por la revolución tecnológica, produce resistencia por parte de quienes no quieren subirse al carro. El temor paraliza; y eso puede ser más peligroso que el fracaso al que tanto se teme. Por lo demás, fallar está permitido. De hecho, grandes personajes tienen en su historia haber conseguido el éxito luego de múltiples fracasos. Asimismo, muchos inventos se han logrado después de innumerables intentos fracasados.

Es muy costoso para nuestra sociedad no incorporar la tecnología con la suficiente velocidad. Y cuando el potencial de irrupción e innovación es tan grande, suelen cometerse graves errores ante el miedo.

Los errores ya no pasan desapercibidos. La revolución tecnológica también ha dado una visibilidad global a cualquier acción o decisión; todo es público.

La interconectividad trae consigo un nuevo escenario donde la educación, la política, la economía, la religión y todas las "grandes" y cotidianas esferas, dejaron de tener secretos, dejaron de ser del dominio de unos pocos. De alguna manera se cumplió la profecía de 1984 que hiciera George Orwell, pero no en la forma de un "gran hermano", sino en la forma de millones de ciudadanos interconectados.

Cuando la gente se conecta, empiezan a ocurrir sinergias que son provechosas para todos. Esto lleva a que los emprendedores, innovadores y ciudadanos en general se atrevan a dar pasos que antes no se atrevían, incluso en campos en donde todo parece indicar que los cambios y los "nuevos" no son bienvenidos. Y son estos pasos los que deberían ser estimulados y protegidos. Sin embargo, la fuerza de la inercia y los beneficiarios del statu quo se sienten amenazados.

Propiciando una sociedad inclusiva, no exclusiva

La sociedad entera, partiendo por el Gobierno de turno, debe presumir ingenio y competencia más que de ingenuidad e ineptitud. Debe aplaudir el aporte de un nuevo entrante en lugar de criticarle su inexperiencia. El rol de la sociedad interconectada debe ser defender a los nuevos emprendedores y no aplastarlos. Y esto va más allá de entregar premios o dar recursos específicos; debe propiciar un clima y un sistema en el que las buenas ideas se desarrollen y crezcan. Partir de cero, ya es difícil; pero si a eso se suma tener que enfrentar a los grandes, la tarea es titánica.

El rol del Estado en los tiempos modernos no está en solucionar todos los problemas, sino en definir y supervisar las reglas para que más y mejores emprendedores puedan probar sus innovaciones, y protegerlos de las malas prácticas de los...

 
 
 
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