El principal freno a la innovación somos nosotros mismos

Nicolás Shea / Fotografía: Darío Vargas Nicolás Shea / Fotografía: Darío Vargas
NICOLÁS SHEA
 
La principal barrera que presenta la innovación no está en el temor a adoptar lo incierto, sino en el miedo a renunciar a lo conocido. Nos aferramos de tal manera al presente que tratamos de hacer ambas cosas a la vez obteniendo resultados nulos.
Pues tal como habría dicho Einstein: "la verdadera locura está en pensar que podemos obtener resultados distintos y seguir haciendo lo mismo".

Cuando notamos que la estrategia utilizada no entrega los resultados esperados, iteramos en un "primer loop" de aprendizaje y generamos respuestas insuficientes.

El economista austríaco Joseph Schumpeter definía innovación como "la fuerza que hay detrás del crecimiento económico sostenido de largo plazo, pese a que puedan destruir en el camino el valor de compañías bien establecidas". Esta "destrucción creativa" era lo que aseguraba la evolución y mejora de los mercados y de nuestra sociedad. No podemos frenarla ni impedirla, debemos convertirla en nuestra aliada. En el centro de la innovación ponía al "emprendedor innovador", persona que destacaba por su sentido de propósito y entusiasmo para abrazar el cambio y sacar sus proyectos adelante. Es precisamente esa energía y determinación la que permite romper las inercias de las que nos advirtiera el psicólogo Chris Argyris en su famoso "doble loop de aprendizaje".

El proceso de toma de decisiones de todo ser humano se basa en observar y corregir de acuerdo con los resultados que obtenemos. Argyris argumenta que todo proceso racional se basa en supuestos, sobre los cuales construimos paradigmas que, en términos simples, consisten en la forma en la que miramos la realidad. Son estos, por lo tanto, los que nos permiten entregar respuestas a nuestros problemas mediante estrategias o cursos de acción.
Cuando notamos que la estrategia utilizada no entrega los resultados esperados, iteramos en un "primer loop" de aprendizaje y generamos respuestas insuficientes. De acuerdo al autor, nuestro "razonamiento defensivo" nos impide dar el "segundo loop" que tiene relación con revisar los supuestos que sustentan nuestros paradigmas.

En las empresas, como en cualquier otro sistema social, los errores generan rutinas defensivas: los miembros se echan la culpa entre sí y eluden las responsabilidades. Esto va generando que los ejecutivos eviten la toma de decisiones difíciles y se resistan al cambio. Incluso –y esto resulta paradójico– entre más inteligentes y preparados sean ellos, mayor será su defensa ante el error. Ya sea porque tienen más que perder o porque efectivamente no consideran posible equivocarse. Este comportamiento defensivo permite...
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