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¿Casos de éxito en nuestro ecosistema? Estamos buscando mal!

Juan Orlandi / Fotografía: Darío Vargas Juan Orlandi / Fotografía: Darío Vargas
Juan Orlandi
Gerente general de Magical Startups
En Chile, el emprendimiento y la innovación están de moda, aunque duela decirlo así. Hemos visto la proliferación de agentes asociados, como los espacios de co-work, incubadoras, inversionistas ángeles, fondos de inversión temprana y estudios de abogados con “tarifa emprendedor”. Un ecosistema fomentado en parte importante por el Estado y también por la promesa de que algunas de estas compañías tempranas, pero de gran potencial, generarán altos retornos e impacto en la economía.

Cuando evaluamos nuestro ecosistema en busca de “casos de éxito”, vemos que hay una disparidad de métricas entre el Estado y los inversionistas de riesgo."

No vamos a cuestionar que está de moda; sin embargo, la pregunta de peso es si será efectivamente una moda, una burbuja y nada más. Los fondos e inversionistas de riesgo reportan que de cientos de reuniones con emprendedores sacan muy poco en limpio y, si encuentran propuestas prometedoras, estas vienen acompañadas de valorizaciones que en su visión no reflejan el nivel de incertidumbre en un ecosistema que, además, reconoce aún muy pocos casos de éxito. Es el desafío de encontrar la aguja en el pajar, pero como consecuencia positiva de esta moda, la teoría indica que si hay más pajar, habrá más agujas.
 
Cuando evaluamos nuestro ecosistema en busca de “casos de éxito”, vemos que hay una disparidad de métricas entre el Estado y los inversionistas de riesgo. Las del Estado son claras: creación de empleos, ventas, diversificación y aumento de capacidad exportadora. Cuando una startup se transforma en una compañía financieramente sustentable, que deja de depender de subsidios, con números azules y que además exporta, esto es un caso de éxito. Más aún si vende un producto o servicio innovador que a nivel local impactará la eficiencia del país o la calidad de vida de sus habitantes. No obstante, si nos ponemos en los zapatos del inversionista ángel, el éxito viene en la etapa que sigue: un evento de adquisición de la compañía con la correspondiente liquidación de las posiciones de los accionistas locales con un retorno de varias veces su inversión. Los inversionistas ángeles invierten para vender su participación en 3-4 años: alto riesgo, alto retorno.
 
La realidad es que en nuestro ecosistema hay bastantes más casos de emprendimiento innovador exitoso de lo que parece y que se preparan para un exit. Sucede que no podemos estar buscando casos como Facebook o WhatsApp, con aperturas a bolsa de billones de dólares, que son negocios B2C (business to consumer) con millones de usuarios. Ese es el juego de Silicon Valley, donde el tamaño del mercado es el apropiado para eso. Chile, por su parte, es un mercado capaz de incubar negocios de escala mundial, pero en la dimensión B2B (business to business). Ese es nuestro juego, cuando el emprendedor no tiene un millón de usuarios, sino 10 a 20 clientes en el primer año, pero que le pagan mucho más cada uno por soluciones aplicables a las industrias en que Chile es líder y, por tanto, un trampolín efectivo para la internacionalización...

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