El nuevo polo productivo de los Biocombustibles en el Biobío

El nuevo polo productivo de los Biocombustibles en el Biobío
Hace cinco años, Chile dio un gran paso en la carrera hacia la innovación, la sustentabilidad y la autonomía energética. Intentando buscar una solución a las alzas del petróleo y disminuir, de paso, las repercusiones en el medio ambiente ocasionadas por un alto mercado automotriz y el elevado consumo de combustibles fósiles, el Estado, a través de Corfo lanza una convocatoria denominada “Concurso Nacional de Consorcios Tecnológicos Empresariales de Investigación en biocombustibles a partir de material lignocelulósico”.
¿El objetivo? Adentrarse en el entonces experimental terreno de la producción de biocombustible a partir de los desechos del proceso de obtención de celulosa.
 
En respuesta a ese llamado se funda Consorcio Bioenercel, formado por equipos de científicos e investigación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, la Universidad de Concepción y Fundación Chile, además de Masisa, Arauco y CMPC, tres grandes empresas del rubro forestal y celulosa, que tienen como base de operaciones la región del Bíobio, poseedora de casi el 38% de la superficie de bosques del territorio nacional, según datos de la Corporación Chilena de la Madera, razón que convierte a la zona en el escenario perfecto para concretar un proyecto de esta envergadura.

Christian Villagra, gerente de la entidad, se siente satisfecho de los resultados obtenidos en la primera etapa y muestra con orgullo la planta piloto de tres millones de dólares, inaugurada a inicios de noviembre con la presencia del vicepresidente ejecutivo de Corfo, Eduardo Bitran. Afirma que el proceso puede considerarse exitoso pues “con muy poco se ha hecho mucho. Una planta tal como la que tenemos puede costar 20 a 25 millones de dólares en otras partes”.
 
En esta primera etapa, declara Villagra, se obtuvieron dos tipos de productos. El principal y el que más expectativas y repercusión suele generar debido a su uso en automóviles, es el etanol de material biocelulósico. El otro es la lignina, un subproducto del proceso fabricación de etanol que sirve para fabricar adhesivos para la industria de la madera. “La importancia de este producto es que es amigable con el medio ambiente y servirá para reemplazar el formaldehido, que se usa actualmente y que en ciertos países está prohibido".
Comenta que en este proceso en particular, han llegado al 50% de reemplazo, cifra que no se había logrado en ningún de las investigaciones que se realizan alrededor del mundo, lo cual es un súper buen antecedente.
 
BACHES EN EL CAMINO
La Comisión Nacional de Energía presentó en 2007 una primera propuesta de reglamentación del etanol. En ella se acepta su uso en la mezcla con gasolina hasta un 5% del producto y se deja exento de impuesto específico al porcentaje de biocombustible, señales que parecían dar el beneplácito a la recién estrenada industria nacional.

Sin embargo, en la actualidad el etanol, como parte de la gasolina, no se puede usar. Mientras en la teoría la ley estipula que se puede formar parte en un 5% del combustible total de un automóvil, en la práctica, aclara Villagra, “existe una norma que impide tener presiones de vapor sobre cierto rango y al mezclar la gasolina con el etanol esos niveles se sobrepasan. En la única parte que se aplica ese estándar es en Chile, en ninguna de las partes donde se usa etanol se aplica, los erarios son bastante más bajos”.
Un “contrasentido”, señala Villagra, ya que “por una parte el Estado promueve y ayuda a financiar esta iniciativa, pero por otra, no promueve el uso del etanol en los vehículos”.
Frente a este obstáculo para utilizar al etanol como combustible, una planta perdería un mercado de cerca de 200 millones de litros al año. Sin embargo, insiste que la idea de la empresa es sortear las dificultades de manera ingeniosa y buscar soluciones que la hagan productiva y rentable buscando caminos alternativos de producción. Así nace la posibilidad de fabricar butanol, elemento que sirve de materia prima para producir combustible aeronáutico, que también implica un gran consumo, pero sin las restricciones del etanol para uso en la gasolina como componente.

Se suma a los anteriores, la producción de etanol industrial para diferentes usos, cuyo mercado alcanza los 50 millones de litros al año. Y, por otro lado, existe la potencial utilización del etanol en las gasolinas como oxigenante en reemplazo de un químico que es importado y lo usa la ENAP. “Es posible cambiar ese químico por etanol. Hay que ponerlo en la práctica, hay que hacer ensayos y eso es la segunda etapa de este consorcio, que empieza en marzo”, sostiene Christian Villagra, gerente de Bioenercel.
 
POLÍTICAS PÚBLICAS
Villagra indica que como política pública sería ideal “un incentivo a la utilización del etanol mediante su uso obligatorio en gasolina, como sucede en todos los países.” Los beneficios de una industria como esta son importantes. Algunos puntos a favor son los niveles más bajos de contaminación y materiales particulados, pero lo más trascendente, “es la generación de una masa crítica y de un mercado para que esta industria se desarrolle. Yo me atrevería a decir que está ocurriendo lo mismo que cuando CORFO empezó a invertir en industrias como la celulosa y la producción de acero: lo que vino enseguida fue un gran desarrollo económico que mejoró la calidad de vida para las personas. Esta industria va encaminada a hacer eso. Todos los parámetros se conjugan”, asegura.
 
Una de las motivaciones que los socios tienen para seguir adelante es que el modelo de negocios creado con esta planta piloto, se puede llevar a cabo en otros países como Brasil y Argentina, donde también tienen plantas de celulosa. En una conversación que sostuvo en el Ministerio de Energía y a raíz de las dificultades de utilizar el etanol como biocombustible, el gerente de la planta piloto señaló que “sería muy penoso que nosotros implementemos un proceso productivo, tengamos un producto y que finalmente los socios tengan que implementarla en otro país”.
  
LA INDUSTRIA QUE VIENE
Para abastecer una planta productora de etanol existen tres vías: los residuos forestales, los desechos de la industria de la celulosa o mediante plantaciones dendroenergéticas. Tras diversas pruebas con las tres alternativas, llegaron a la conclusión que los niveles más altos de productividad se alcanzaban con la última, un tipo de plantación que, a diferencia de los bosques tradicionales, se siembra en arenales y con especies de rápido crecimiento, alta generación de biomasa y con rotaciones cortas, de no más de cuatro años. Entre las variedades que se utilizan se encuentra el álamo, aromos, la acacia y los eucaliptus, entre otras.
 
A diferencia de un bosque dirigido a la industria de la celulosa, que tiene un ciclo de tala de doce años, esta modalidad puede crear un polo productivo importante para la región debido a que se necesitarán 16 mil hectáreas de arenales para abastecer esta planta de biocombustible, terrenos que actualmente no se utilizan en agricultura. La idea, explica Villagra, “es tomar pequeños y medianos propietarios del secano costero donde hay arenales, plantar eucaliptus para que ellos tengan mejora económica y aumenten la calidad de vida. Desde el punto de vista nuestro todos son beneficios”.

 
 
 
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