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Patricio Navia: "Si Bachelet no sale del pantano, no va a poder impulsar sus reformas"

Patricio Navia / Fotografía: Darío Vargas Patricio Navia / Fotografía: Darío Vargas
El destacado cientista político y sociólogo, Patricio Navia, aborda en profundidad el actual escenario político de Chile, envuelto por la crisis de corrupción de las instituciones y de la estrepitosa baja de popularidad de la presidenta y su gabinete.
Se pasa la mitad del año en Estados Unidos, impartiendo clases en el Departamento de Estudios Liberales; el Centro de Estudios Latinoamericanos y en el Centro de Asuntos internacionales de la Universidad de Nueva York.
Actualmente, trabaja en un libro sobre las elecciones de 2013 con su equipo del Observatorio Electoral de la UDP. Además, investiga junto a otros destacados académicos, como Alfredo Joignant, el conflicto social en Chile, bajo el alero de COES, Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social.
Dentro de su apretada agenda en Chile, recibió a Innovación & Mercado para analizar el panorama político chileno, el rol de la presidenta Bachelet en medio de acusaciones de corrupción a su hijo por el caso Caval y el futuro de la política nacional.
Lejos de una acabose político, Navia cree que nuestro país está pasando por una crisis propia del desarrollo, que puede traer consecuencias positivas para la distribución del poder en las altas esferas y poner en la palestra la importancia de la rendición de cuentas que exige la ciudadanía. Dado el creciente desarrollo que hemos alcanzado, cree que Chile necesita ajustar sus instituciones a una nueva realidad política, que incluye una mayor participación ciudadana, aparejada con exigencias de transparencia para la clase gobernante.
 
—¿Crees que en Chile estamos viviendo una crisis institucional o de corrupción generalizada?
Yo soy más bien optimista sobre lo que está pasando, creo que es una evidencia de que el poder se está distribuyendo mejor, de que hay mucha más horizontalidad en la forma en que se toman decisiones en Chile y que cosas que antes se podían ocultar, ya no se pueden ocultar. Y eso me parece positivo.
La opinión pública y la sociedad civil en general demandan saber más y tener más acceso a la información, pero también demandan el fin del acceso a una serie de privilegios que antes se consideraban perfectamente aceptables. Los negocios de Caval probablemente existieron antes, pero no había el tipo de escrutinio que existe ahora. Y a mí me parece positivo que haya mayor vigilancia. Creo que hay una crisis política, especialmente de liderazgo político, la gente no le cree a los líderes políticos.
 

Un cambio de gabinete hubiera ayudado más a fines de 2014. Bachelet podría haber puesto más gente comprometida con su programa. El cambio de gabinete ahora le costó más caro, la presidenta tuvo que poner Ministros que no están comprometidos con su programa ni con las prioridades de la nueva mayoría”


—¿Qué opinión te merece la conformación de una comisión presidencial y que la Nueva Mayoría le haya quitado el piso a la presidenta creando una comisión aparte?
Me parece que ni la razón por la que nombraron la comisión ni el timming son útiles. Porque la razón de esta comisión no es el caso Penta, ni el caso SQM. La razón de fondo, que gatilla la creación de esta comisión, es el caso Caval, y la presidenta –en vez de referirse a ese tema y enfrentarlo, darle la cara, mirarlo de frente y decir “lo que hizo mi hijo no corresponde y estoy en contra de eso”– desvió la atención diciendo “tenemos que solucionar este problema de la política y los negocios”. Es verdad, hay que solucionarlo, pero la presidenta también tiene que referirse a qué piensa ella sobre lo que hizo su hijo y cómo eso contrasta con su mensaje de igualdad de oportunidades, fin al abuso y fin a los privilegios.

—Con el escenario actual, ¿te parece prudente que la mandataria inicie un proceso constituyente en septiembre?
Bachelet prometió en su campaña que quería una nueva Constitución para Chile. Pero nunca aclaró cuál sería el proceso que ella utilizaría para impulsarla. Ahora que anunció que el proceso constituyente se iniciará en septiembre, la presidenta tampoco ha aclarado cuál será ese proceso. La Constitución en vigencia permite reformas constitucionales y establece el proceso para esas reformas. No hay ninguna referencia a procesos constituyentes en la Constitución. Por eso, mientras Bachelet no entregue los detalles de cuál será el camino constitucional para avanzar hacia una nueva Constitución, lo suyo es más un ideal de lo que ella quisiera que un plan concreto sobre cómo alcanzar ese objetivo.

—¿Luego del anuncio del proceso constituyente, sus principales reformas tienen cada vez menos sustento?
Creo que las reformas que Bachelet prometió, especialmente la que tiene relación con la educación gratuita a nivel universitario para todos, importa más a la gente que la Reforma Constitucional. La Constitución es súper importante, pero la gente no entiende cómo afecta directamente sus vidas. La educación gratuita, en cambio, es mucho más inmediata y concreta. Por eso, si bien el anuncio de un proceso constituyente probablemente contamine el debate durante los próximos meses, la promesa pendiente más importante que tiene la presidenta Bachelet es la de la educación universitaria gratuita para todos.

El problema es que si cambias el gabinete y Bachelet no aborda el tema de su hijo, no sacas nada, porque la contaminación está en la forma en que Bachelet ha abordado este escándalo.”

—Pero la Reforma Educacional es una de sus principales reformas, ¿qué piensas ahora que dice que la plata no les alcanza para lo que habían prometido?
Va a ser complejo que Bachelet busque excusas para cumplir con su promesa de educación gratuita para todos. Se suponía que la Reforma Tributaria era para financiar esa Reforma Educacional. Si ahora la plata no alcanza, la gente va a culpar a Bachelet. Aunque no tenga mucho que ver, la idea de que Bachelet se gastó la plata en otras cosas va a ser difícil de contrarrestar con argumentos. La gente no entiende los detalles. Pero sí recuerda las promesas. Si Bachelet prometió educación gratuita para todos y después impulsa una Reforma Tributaria para financiar sus promesas, la gente no va a aceptar excusas de que la plata no alcanza.

—¿Qué opinión te merece este cambio de gabinete, que no tiene grandes figuras de peso político, ayudará a salir de la crisis política?
Me parece que es un giro hacia el centro y la moderación. Eso es lo que Chile ahora necesita. Pero, claro, los cambios de gabinete son como las decisiones de comenzar a hacer dieta. Importa tomar la decisión, pero también importa que esa decisión se materialice en medidas concretas que tendrán que tomar los nuevos ministros.

—¿Es extraño que el SII no haya procedido con SQM igual que con Penta, y que se haya negado a entregar información?
Esto es profundamente sospechoso y parar la investigación también fue sospechoso. SQM tiene todo el derecho a utilizar la institucionalidad vigente para defenderse, no cuestiono lo que está haciendo SQM, lo que sí me parece mal es que el SII haya aplicado varas distintas a SQM y a Penta. Aparentemente, hay mucha gente de la Concertación que estuvo recibiendo pagos injustificados y a la gente le interesa saber qué es lo que ocurrió. Lo que hizo el SII es decir “vinimos a esta casa a buscar a este ladrón (Wagner)”, pero resulta que la casa estaba llena de ladrones y no se están haciendo cargo de todos.

— ¿Y qué opinas de la presión de Interior y Hacienda para postergar querella contra Martelli, que ha desmentido el gobierno?
Lo importante es la decisión que finalmente se tome. El SII debe actuar de acuerdo a derecho. Si eso significa querellarse, deberá hacerlo. Hasta ahora, el SII ha resistido a las presiones. No me cabe duda de que, aunque haya presiones de todos lados, el SII mostrará el profesionalismo y la autonomía que le conocemos.

—¿Es el caso Caval un caso de tráfico de influencias?
No estoy seguro de que sea un caso de tráfico de influencias. Pero evidentemente es un error político gigantesco. El error político gigantesco está en, primero, nombrar a tu hijo en ese cargo ad honorem. La gente que trabaja en el Estado tiene que someterse a los mismos estándares rigurosos que el resto de los funcionarios públicos. Sebastián Dávalos entró en un lugar medio extraño, en una nebulosa, en la que era funcionario público, pero no era funcionario público. Luego, me parece que hay una serie de decisiones que van en contra del mensaje de Bachelet, de lo que simboliza ella. El reunirte con Andrónico Luksic, el poder acceder a este tipo de recursos –al que la mayoría de los chilenos no accede–, hacer una “pasada” con un negocio inmobiliario, son gestos que van contra los principios de Bachelet. Simplemente, todos estos actos debilitan el argumento o la tesis de la campaña de su madre.
Entonces, políticamente me parece un error. Desde mi perspectiva, es políticamente un gran error. La presidenta se tiene que hacer cargo de esto o decir “me equivoqué, no debí haber nombrado a mi hijo en ese cargo”. O “lamento mucho que mi hijo me haya decepcionado”. Pero no puede ser, a la vez, Presidenta de la República y madre protectora de alguien que hace todo lo contrario a lo que cree y valora como presidenta.

Bachelet no saca nada con decir ´vamos a terminar con los abusos´, si en realidad en su familia está condonando los abusos. Y esa tensión hace que sea imposible para Bachelet avanzar en su política.”

 
—Respecto a la demanda del caso Caval, ¿crees que va a quedar impune?
Creo que el mayor efecto del caso Caval no es el legal. El mayor efecto es político, y ese ya se está sintiendo, y se va a seguir sintiendo, porque la presidenta actuó de forma irresponsable al no asumir, al no dar la cara y no decir “lo que hizo mi hijo estuvo mal”. Ella dijo que había tomado decisiones difíciles, pero no queda claro cuál es la decisión difícil que tomó: el hijo renunció, ella no lo echó. Ella dijo que no sabía lo que había ocurrido, pero tampoco dio su percepción de lo que sucedió. Hay una serie de pasos que la presidenta debió dar, pero ella optó por ser madre, en vez de ser Presidenta de la República. Fue comprensible, pero no es aceptable.

—¿Qué implicancias políticas tendrá este caso en el discurso de Bachelet sobre igualdad de oportunidades y fin a los privilegios?
El problema es que lo que tú haces, pesa mucho más de lo que tú dices. Y lo que hizo la familia de Bachelet, el hijo y su nuera, es contradictorio con lo que dice Bachelet respecto de la igualdad de oportunidades y respecto a lo que dice ella de los abusos. Entonces, Bachelet no saca nada con decir “vamos a terminar con los abusos”, si en realidad en su familia está condonando los abusos. Y esa tensión hace que sea imposible para Bachelet avanzar en su política.
La presidenta llega y dice “la Concertación se murió, ahora se llama Nueva Mayoría”. Ella es la cabeza y el símbolo de todo este grupo. Los partidos se esconden detrás de ella para poder remar a esta elección. Bachelet de por sí ya había hipotecado bastante la tradición institucional de Chile porque era ella la candidata, era ella la líder, no eran las instituciones. El ministro del Interior era su secretario personal, no era un líder político del país que venía a armar un gabinete. Por eso, cuando el caso Caval toca la credibilidad personal de la familia Bachelet, ella queda vulnerable por todos los flancos, y así, toca a los otros ministros porque el poder de ellos se sustenta sobre la persona de Bachelet. Entonces, se cae todo porque se cae la credibilidad de la presidenta. En años anteriores, estaban los partidos políticos, ahora los partidos no tienen credibilidad propia.

—¿Crees que Bachelet podría transformarse en una nueva Dilma o Cristina con el caso Caval y todas sus aristas?
No. Yo creo que son tres mujeres, pero más allá de ser mujeres no les veo más similitudes. El caso de Brasil es un caso sistémico e institucional. El caso de Argentina ya es un caso histórico. Los problemas de la presidenta Cristina son muy distintos a los de Bachelet. Por ejemplo, uno de los problemas de Cristina es el enriquecimiento familiar, pero ahí las sospechas de la gente están no solo sobre su familia, sino también sobre ella. Aquí las sospechas no estaban sobre Bachelet, ni sobre un enriquecimiento personal de Bachelet. Sí hay dudas sobre su hijo, pero es muy distinto a lo de Cristina. Cristina probablemente va a tener muchos problemas para salir a la calle. Si Bachelet sale a la calle, la gente le puede decir “chuta, pobre presidenta, su hijo resultó ser un pastel”, pero no le van a decir “presidenta, usted anda robando plata”.

—Las únicas tres presidentas de América Latina están con índices muy bajos de apoyo popular y envueltas en casos de corrupción y crisis política. ¿Pone en riesgo esto la credibilidad de la figura de la mujer como gobernante?
En la medida en que haya más mujeres en política, esto se va a normalizar. Va a haber mujeres que son excelentes presidentas, como otras que no lo serán tanto. Igual situación para los hombres. Hay hombres que son excelentes presidentes y algunos que no. A mí me parece un error pensar en ambas direcciones, así como pensar que las mujeres son malas gobernantes, o bien que por el solo hecho de ser mujeres van a ser mejores gobernantes.

—¿Podremos ver en Chile a la ciudadanía protestando contra la corrupción con miles de manifestantes en la calle como en Brasil o Argentina?
La gente no protesta contra la corrupción en ninguna parte, la gente protesta contra el enfriamiento de la economía, contra el desempleo, contra el alza de los precios. Si la economía anda como avión y hay corrupción, como en Brasil, por ejemplo, como hace 15 años, a la gente no le molesta mayormente. La corrupción ahí es casi como un impuesto adicional.
Si estamos todos bien y los políticos se quedan con un poco más de plata, da lo mismo. La corrupción se convierte en un tema cuando hay desempleo, cuando hay inflación y la gente piensa “no hay oportunidades para nosotros y los políticos se están robando todo”. Y ahí salen a protestar.

—Pero se ha visto internacionalmente afectada la imagen de Bachelet…
Mucha gente de otros países de América Latina te diría sobre el caso Caval: “pero eso pasa siempre, no jodas”. Si nos medimos con los países a los que queremos parecernos, principalmente los de la OECD, ahí sí tenemos problemas, pero esos mismos países también tienen problemas de corrupción. Han caído líderes políticos importantes por corrupción. La cuestión es cómo se lidia con estos casos.
Tampoco podemos desconocer que somos parte de América Latina, por lo tanto, si hay corrupción en Brasil o en Argentina, los inversionistas extranjeros van a decir “el barrio es el malo”. Nadie va a querer ir a entregarte delivery. Nadie va a querer ir a tu barrio. Si el barrio no funciona bien, vamos a tener menos turismo, menos inversión y mala propaganda.

—¿Y Peñailillo, cuánto perdió con todo esto?
Creo que Peñailillo no tuvo poder político propio, él ejerció el poder político de la presidenta, por lo tanto, cuando ella perdió poder, él también perdió poder. Él representaba una extensión de la presidenta. Eso es bueno cuando la presidenta tiene poder, pero no es bueno cuando ella lo pierde. Y creo que ese fue el error estructural de poner a Peñailillo como ministro del Interior. Tú necesitas sumar fuerzas en tu equipo de gobierno y no solo reproducir las fuerzas que ya tienes. Cuando era Ministro y le pegabas a Peñailillo, le estabas pegando a la presidenta.

—¿Se retrasó demasiado un cambio de gabinete, o eso no hubiese cambiado las cosas?
Un cambio de gabinete hubiera ayudado más a fines de 2014. De hecho, entonces, Bachelet podría haber puesto gente más comprometida con su programa. El cambio de gabinete ahora le costó más caro a Bachelet. La presidenta tuvo que poner ministros que no están tan comprometidos con su programa ni con las prioridades de la Nueva Mayoría. Ahora bien, con lo mal que andaba el Gobierno, este cambio, aunque doloroso para Bachelet, podría llegar a salvar a su Gobierno. Pero igual es un retroceso para la agenda transformadora de Bachelet. Aunque el hecho de que ahora el Gobierno...
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