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Marcelo Díaz: "Cuando se discutió Ley I+D, la mayoría de los parlamentarios estaba revisando su celular"

Marcelo Díaz Bowen / Fotografía: Darío Vargas Marcelo Díaz Bowen / Fotografía: Darío Vargas
Encabezó durante 6 años la incubadora de la U. Católica, en exclusiva con Innovación & Mercado, responde a los cuestionamientos formulados por algunos emprendedores a su gestión en IncubaUC y entrega su parecer acerca del estado del ecosistema innovador y emprendedor de Chile.
Tras culminar 6 años al mando de la incubadora de negocios de la Universidad Católica, Incuba UC, Marcelo Díaz dio un importante giro y ahora, desde InverSur Capital, está empeñado en un nuevo desafío: desarrollar emprendimientos nacionales más riesgosos, pero con mayores potenciales de, incluso, retornos de 600% y que tengan alcance global. Dice que en Chile faltan casos de éxito que le cambien la cara al país y lo transformen en un referente de innovación y que, con ese fin, espera poder mostrar casos exitosos en un par de años.
Convencido de que si Chile no supera luego el modelo de desarrollo basado en la extracción y exportación de commodities, muy pronto nos vamos a encontrar en una situación similar al desplome del salitre el siglo pasado. Marcelo Díaz asegura que es hora de reinventarse como país y abrazar la innovación y el emprendimiento, pero “en serio”, con otros niveles de gasto en I+D y no con los actuales, que califica de “patéticos”.
Conocedor desde adentro del ecosistema emprendedor criollo, piensa que el camino no es tratar de ser otro Silicon Valley sino que, entre otros, promover la existencia de más centros de excelencia, invertir mayores recursos en investigación y aprovechar una Ley de I+D que “nadie conoce ni usa”, dice. Además, pone ojo en un fenómeno que, advierte, es de reciente data: emprendedores jóvenes no tan jugados que al primer tropiezo piensan en buscar un trabajo seguro.

Cuando en el Congreso se discutió la Ley de I+D, mientras exponía, la mayor parte de los parlamentarios estaba revisando sus celulares. Sin embargo, mi esperanza de éxito la baso en tener un caso de éxito y restregárselo en la cara a todo el mundo”.

- Se habla mucho de que Chile está llegando a los niveles de ingreso per cápita de países más avanzados (US$23.165) y que, con eso, el desarrollo está a la vuelta de la esquina. Con tu experiencia, ¿crees posible llegar al desarrollo fijándose solo en esos ítems?
Yo viví en Islandia cuando el ingreso per cápita era US$25.000 y un vaso de cerveza me costaba US$10, cerca de 5 mil pesos chilenos de la época. Y digo que en ningún caso el islandés tenía mejor calidad de vida que un chileno, aun con ese promedio de ingreso per cápita. Por eso, para mí se trata de un indicador que no dice nada. Me dice mucho más la canasta de consumo. El ingreso per cápita es solo uno de los tantos coeficientes de una ecuación para entender si un país está o no desarrollado. Por eso, lo que importa es fijarse en la calidad de vida de las personas y mucho influye en eso la posibilidad de trabajar en lo que se quiere, en crear tu propia empresa, ser feliz con eso o emprender, sin que te aten si fracasas. Para mí, eso es un real indicador de acercarse a ser un país desarrollado.
 
- Y otro indicador: el gasto en I+D, que no llega al 0,4% del PIB. ¿Qué te dice eso?
El gasto en I+D en Chile es patético. Y la solución no pasa por decir de un día para otro que a las universidades se les va a subir el capital para I+D unas diez veces y estamos listos. Tuve la suerte de exponer ante la Cámara de Diputados cuando se discutía la nueva Ley de I+D durante el gobierno pasado. Ahí les hablé de todos los beneficios que hay en dicho cuerpo legal, que son maravillosos, pero no los conoce nadie porque no hay marketing. Nadie tiene idea de que hay una nueva Ley de I+D en Chile que permite pagar la mitad de los impuestos si realiza I+D dentro de la compañía. No saben que es súper simple; enviar un contrato y listo. Por eso creo que los gobiernos deben entender que si no promueven sus líneas de investigación, al final se va a tratar de letra muerta. Las empresas privadas tienen un montón de I+D que no llevan a cabo, porque creen que no tienen presupuesto. Y la plata está ahí y todos los días se bota a la basura porque nadie la usa.
 
- ¿Qué va a pasar con Chile si continúa con tan bajos índices de gasto en I+D?
Estoy convencido de que si seguimos el modelo de vivir de la exportación del cobre, muy rápido, el grafeno nos va a sacar del mercado y nuestro país va a tener la misma crisis que hubo en las pulperías en la época del salitre. Por eso, tenemos que entender que los países no pueden ser medidos por su ingreso per cápita en el tiempo ni en una foto de un determinado momento, sino que deben ser analizados por la capacidad que tengan para reinventarse y del nivel de educación de su gente. No es lo mismo que te eduquen para ser el gerente de una gran empresa que para ser autosuficiente, donde, además, podrás ser el gerente de esa gran empresa. Son conceptos muy diferentes.
 
- Y la manera en que se desarrolla la investigación, ¿es adecuada?
El caso del destacado académico Pablo Valenzuela es producto de una investigación, que venía de otra investigación, que a su vez, provenía de otra investigación. Nunca, jamás se sentaron el día 1 y dijeron que iban a crear una vacuna contra la hepatitis. Eso no pasa. Lo mismo que en las startups. Uno planea una app para que la gente sepa que estás en un cierto lugar, pero la gente no la usa, pero sí se saca fotos y las comparte, agregándole un texto. Entonces, finalmente se crea una app que permite compartir ciertas fotos con los amigos. Ese “pivoteo” es clave en el emprendimiento. Y significa ir al mercado, ver qué hay, entenderlo y volver a trabajar. Una y mil veces. En este sentido, veo que en Chile nos faltan recursos para hacer investigación por el solo hecho de investigar. Es necesario que haya un plan a futuro con investigadores duros, a los que no se les exija el resultado que se planteó el día 1.
 
Por eso, veo la urgente necesidad de generar trabajo científico, hecho por científicos. Si en lugar de desarrollar un producto, soy capaz de desarrollar una plataforma o una tecnología que permita desarrollar nuevos productos, estoy agregando ciencia al ecosistema y valor para los colegas que investigan en cualquier parte del mundo. Insisto, faltan centros de investigación más grandes. Las escuelas de ingeniería y medicina tienen serias carencias de infraestructura para hacer investigación. Faltan laboratorios. El solo hecho de que exista ALMA en el norte del país hace que haya crecido la cantidad de astrónomos en el mercado. En ese caso, se vislumbra un correcto incentivo. Pero, claramente, faltan centros, aunque capital existe para hacerlo. Y, si eso ocurre, de inmediato habrá mejor educación, porque el doctorado no tendrá que irse a estudiar a Canadá o Europa, sino que lo hará en la misma ciudad donde vive y sin tener que pagar becas. Lo que trae consigo que haya más alumnos de investigación y más doctorados. Es un círculo virtuoso que se puede y debe crear. Falta la apuesta para hacerlo.
 

Si Corfo me da premios por los resultados económicos de la empresa durante el primer año, lo que hace es generar un incentivo perverso para que la incubadora solo atienda a emprendimientos que están cerca de generar ventas en el mercado, perdiéndose toda la capacidad de incubación y educación al joven emprendedor”.

 
- Relacionado con lo mismo, ¿qué tan lejos está Chile de dejar de vivir de la exportación de commodities?
El cobre está cercano al 20% del PIB y los productos derivados llegan al 35%. Yo no sé qué estamos esperando. Insisto en el ejemplo del grafeno, en que si nos dejamos estar, antes de que nos demos cuenta, va a matar al cobre y pasaremos a ser el hermano pobre del barrio. Espero que nos pongamos serios y seamos capaces de armar un verdadero programa de innovación que nos permita exportar inteligencia. En la actualidad, si soy chileno y tengo una innovación espectacular, que puede triunfar en todo el mundo y me la voy a jugar, lo que tengo que hacer es irme de Chile. Yo, como inversionista le voy a poner plata el día que esté instalado en San Francisco, Estados Unidos. Nuestro mercado es muy chico y luchar contra eso es muy complejo. Mi respuesta es que la raíz de todo esto está en la educación, pero también ubicando los incentivos donde corresponde. Estoy seguro de que si se colocan centros de excelencia y el Estado invierte lo que tiene que gastar como país, que debe ser al menos un 2% del PIB, en 5 años más el país será otro. Lo doy firmado. No nos vamos a demorar más que eso. Basta ver el ejemplo de Start-Up Chile, que en unos pocos años cambió el panorama del emprendimiento en Chile. Se puede, pero hay que armar un plan de trabajo estable. Y esa, es una decisión de arriba. Pero, lamentablemente, no he visto siempre la mejor disposición por parte de los que toman las decisiones. Cuando en el Congreso se discutió la Ley de I+D, mientras exponía, la mayor parte de los parlamentarios estaba revisando sus celulares. Sin embargo, mi esperanza de éxito la baso en tener un caso de éxito y restregárselo en la cara a todo el mundo. Y hacerlo rápido.
 
- ¿Cómo ves a Chile en materia de emprendimiento en la región?
Hay países chicos con mercados pequeños y con grandes innovaciones. Eso nos sirve más de ejemplo que el mercado de Brasil, que es un mundo aparte. Por eso, el mercado chileno debe apuntar a la costa oeste, donde pisan fuerte Colombia y Perú. La calidad del emprendimiento latinoamericano es excepcional. La “pillería” latina no existe en otro lado. El problema es que nuestro público no tiene mucha disposición de pago por cosas que son nice to have, lo que obliga al emprendedor a buscar soluciones por las que la gente esté dispuesta a pagar inmediatamente o, si no, el emprendimiento muere. En Harvard un profesor nos decía que en Estados Unidos el 75% de los emprendimientos falla porque los socios fundadores se pelean. En cambio, en América Latina el 99,9% de los emprendimientos falla porque no se logra facturar. Después, viene el tema de los socios.
 
- Ya afuera del mundo de las incubadoras, ¿cómo analizas el rol que juegan hoy en el país?
En relación al rol de las incubadoras hoy, se me ocurre un dicho: “El que pone la música dice lo que se baila”. Si las instituciones públicas o privadas colocan un marco de referencia dentro del cual se tienen que mover las incubadoras, la verdad es que no es mucha la libertad que van a tener para desarrollar su labor e inventar nuevas alternativas. Por eso, veo que las incubadoras hacen lo que pueden hacer dentro del margen que tienen. En Incuba UC tuvimos la suerte de tener la flexibilidad, dentro de un marco económico, y nos dieron libertad de acción para inventar. Por eso, innovamos bastante y creamos programas nuevos. Hubo después otras incubadoras que siguieron ese modelo y no sé si eso fue lo mejor para ellas. Pienso que cada incubadora debe hacer lo que debe hacer pensando en su mercado específico. El problema que hay son los incentivos existentes. Por eso, pienso en otro dicho: el palo y la zanahoria. Si a uno como incubadora le dicen lo que tiene que hacer, cuándo le van a pagar el bono y cómo lo van a pagar, uno tiene cierto margen de imaginación e innovación, pero que va a estar delimitado por la capacidad de llegar a números azules a fin de mes o del año, porque, si no, se cierra el área. Es así de simple y perdemos todos: emprendedores, Gobierno y universidades.
 
- Precisamente, respecto a la manera en que trabajan las incubadoras, hay mucha gente que las critica. Incluso, las han catalogado como “muertas”.
En esas declaraciones, creo que Marcelo Guital se equivoca. Quizás le falte conversar con las incubadoras que están en el norte y sur del país y también con aquellos emprendedores que han logrado sacarle el jugo a las incubadoras en la Región Metropolitana. Yo entiendo que las ofertas que hay para los emprendedores chilenos son bajas. Y eso se debe a que hoy existe una mayor demanda por un buen servicio. Y en eso estoy de acuerdo. Sin embargo, siento que nadie tiene la verdad absoluta al respecto. Yo tengo mi punto de vista y siento que lo que dice Marcelo Guital toca hondo en algunas incubadoras, aunque en otras no. Dicen hay que cerrar algunas, pero quién soy yo para decir algo como eso a una universidad. Quizás, sí, sea necesario que algunas se reinventen y aprendan cosas nuevas, como entender quién es su cliente, quién es realmente su emprendedor y qué es lo que quiere. Y también entender quiénes son los que le entregan el dinero y ayudan a sobrevivir y, según eso, dejarlos contentos. Ahora, si una universidad lo único que quiere es que la incubadora haga un trabajo de preincubación para que un emprendedor aprenda a tener una empresa en los próximos 5 o 10 años y la universidad está contenta con eso, yo los felicito. Pero lo que deben tener presente las incubadoras es siempre agregar valor, no para ganar dinero. Un valor añadido que ayude a un emprendedor, quizás no en el emprendimiento actual pero sí en dos o tres proyectos más, porque puede que sea la futura gran empresa de este país. Por eso, digo que fracasar es la mejor experiencia.

Estamos matando la creatividad del fundador de una empresa, que crea algo para que la gente lo use. Todo, por la ausencia de un modelo económico atrás que lo sustente”.

- También se les critica que no son capaces de llevar productos nuevos e innovadores al mercado.
Que la gente los visualice o no va a depender mucho del marketing y eso no siempre va de la mano con el éxito económico del emprendimiento. Estoy cansado de ver en diarios y revistas reportajes que empiezan con “jóvenes chilenos…”. Eso no aporta. En realidad, el concepto que importa es agregar valor y para hacerlo hay varias formas. Por un lado, a través de la educación, donde creo que las incubadoras sí agregan valor educacional. Y también, valor económico, que no todas las incubadoras han logrado desarrollar. Sin embargo, si uno considera que está comenzando con la primera empresa de un emprendedor joven, puede resultar que estemos frente a un trabajo de largo aliento de, incluso, 20 años. Si es que nos piden tener resultados económicos a los 6 meses en casos como esos, resulta una petición bastante ignorante. De hecho, si Corfo me da premios por los resultados económicos de la empresa durante el primer año, lo que hace es generar un incentivo perverso para que la incubadora solo atienda a emprendimientos que están cerca de generar ventas en el mercado, perdiéndose toda la capacidad de incubación y educación al joven emprendedor.
 
- ¿Existe, entonces, un exceso de celo por el éxito rápido?
Lo que existe hoy en torno al emprendimiento es una pornografía del éxito. Si una incubadora me dice que todos los beneficios económicos a los que yo puedo acceder para mantener la empresa se basan en las ventas de los emprendimientos, jamás van a contactar a un emprendedor de 25 años que todavía está estudiando, porque habrá un 90% de probabilidades de que ese emprendimiento no consiga rápidos resultados. Y, peor aún, si a la incubadora le pagan por las ventas de esa empresa, estoy dejando de lado todo el “B2C”, que es el businness to consumer, donde están las aplicaciones móviles o softwares. Los incentivos perversos que existen hoy están 100% ligados al desarrollo económico de la empresa que se está incubando. Por lo tanto, cualquier empresa que quiera crear un Instagram o algo por el amor de crear algo valioso que la gente pueda usar todos los días, lamentablemente, no tiene ninguna salida en Chile. No hay ninguna posibilidad de que alguna incubadora lo apoye económicamente.
 
Estamos matando la creatividad del fundador de una empresa, que crea algo para que la gente lo use. Todo, por la ausencia de un modelo económico atrás que lo sustente. Así, lo que hacemos es perder ideas y diseñadores de primer nivel. Y, en el fondo, lo que estamos perdiendo es innovación. Y eso me duele harto, porque veo gente y proyectos en los que, desde Incuba UC, nos la jugamos por ellos, pero en los que no fue posible tener una segunda ronda, no obstante tener gran cantidad de descargas de usuarios. Hay emprendimientos que si no se van a Estados Unidos, no van a ser nunca exitosos, teniendo todo el potencial. Ningún emprendedor chileno tiene nada que no tengan sus colegas de Estados Unidos. La calidad de nuestros emprendedores es superlativa, pero nos apocamos porque no hay capital suficiente para apoyarlos.
 
- Se ha criticado la lentitud con la que operan las incubadoras en sus procesos con los emprendedores. ¿Qué piensas al respecto?
Creo que se ha mejorado bastante, pero todavía es tremendamente lento. De todos modos, se trata de algo gratuito, por lo que hay que poner todo en la balanza. Si tienes acceso a capital privado que no se diluya, bienvenido sea. En cambio, si necesitas capital y estás dispuesto a diluirte un poco como emprendimiento, las incubadoras son un muy buen instrumento. Te vas a demorar un poco, pero el valor agregado no está solo en el capital. La gente que trabaja en las incubadoras suele ser muy buena. En el caso de las incubadoras del sur del país, yo me saco el sombrero por su gente, porque supieron encontrar su nicho e inversionistas. Hacen un trabajo de primer nivel.
 
- Hubo una especial crítica con respecto a que del total de los fondos asignados por Corfo, gran parte de ellos se iba en viajes y poco quedaba para los proyectos. ¿Qué pasaba con eso? Muchos criticaron incumplimientos en Incuba UC.
El plan que aprobamos para San Francisco indicaba que lo que se gastaba afuera era justamente lo que tenía que poner la contraparte del emprendimiento, que corresponde a un 30%. Lamentablemente, San Francisco es una de las ciudades más caras del mundo y hay cosas que no se pueden controlar. Cuando creamos el Programa Geek Camp, lo hicimos pensando en los estudiantes universitarios y los viajes se hacían en febrero y julio, que son los meses más caros de época estival. Y no puedo controlar que un hotel allá cobre US$300 la noche.

Cuando abrimos la posibilidad de que los emprendedores se quedaran en hostales, ocurrió que después no todos llegaban a la hora. Yo hice lo mejor que pude, así que entiendo la crítica, aunque no la comparto. Eso sí, me gustaría que algún emprendedor que viajó con nosotros dijera que el ir allá no valió la pena. Además, los que critican debieran pensar también en el otro lado de la moneda: el mío. Febrero es mes de vacaciones y yo estaba con ellos, allá. Estuve un mes, dos veces al año, en San Francisco en los últimos años y la gente piensa que uno va de paseo. Creo que he visto el Golden Gate cuatro veces en todos estos años. Fuimos a trabajar y el sentido de urgencia que le dimos a los proyectos era tremendo.
 
- ¿Alguna autocrítica respecto a tu gestión en Incuba UC?
Creo que fui muy permisivo con algunas personas a las que les di la mano y se tomaron el codo. Entiendo que el rol del emprendedor es ser bastante “puntudo” y que, cuando quieren conseguir algo, van a todo evento. Sin embargo, no siempre es tan bueno. Por eso digo que me demoré mucho tiempo en echar a algunas personas, aunque uno siempre termina aprendiendo. Mirando en retrospectiva, creo que fui muy “corazón de abuelita” con varios proyectos porque fui muy permisivo con algunas cosas en las que debí ser más pesado. Sé que algunos me critican, pero hubo empresas a las que, lisa y llanamente, no debimos haber apoyado y que no debieron haber recibido un peso. Afortunadamente, se trata de casos en los que solo se invirtieron US$20.000. Cuando pasas a la segunda ronda, después de haber trabajado por ellos por más de 6 meses y haber estado un mes en San Francisco, créeme que uno ya sabe a quién vale la pena apoyar y a quién no. Lamentablemente, antes no se puede.
 
- Viendo el panorama general de las incubadoras, ¿hay algunas que no estén cumpliendo bien con su papel?
Hay regiones muchísimo menos innovadoras que otras. Por lo tanto, las incubadoras reciben más emprendimientos de menor profundidad tecnológica. Entonces, qué hacer: ¿modificamos la incubadora para atender a nuestro público de la región o atraemos emprendedores de otras regiones del país o de otros países cercanos? Y esa decisión va a depender mucho de la incubadora. Hay algunas que creo que se lo están preguntando aún y ese es el problema; que no han tomado una decisión. Y en esa indecisión pasa el tiempo con el costo de oportunidad respectivo, que es la pérdida de los emprendedores regionales. Aunque también es verdad que no se puede tener una incubadora para dos o tres personas, que hagan un par de emprendimientos al año.
 
- En relación a las startups, ¿qué papel juega la selección de estas por parte de las incubadoras?
La selección es el 80% del trabajo en la incubadora. Por eso, para nosotros era tan importante el Geek Camp, porque duraba una semana. Y en ese lapso uno alcanza a conocer algo al emprendedor. Y, después, son varios meses de trabajo en los que se puede conocer más a la o las personas, antes de determinar quiénes van a pasar a segunda ronda. El emprendedor es el 99,9% de la inversión de uno como incubadora. Este trabajo es 90% sudor y 10% innovación tecnológica.
 
- En relación a lo anterior, ¿cómo analizas el funcionamiento de los procesos de selección que se hacen en Chile?
Vuelvo a lo anterior. Si a mí como incubadora me dicen que me van a dar un bono por que una empresa X levante capital o facture tanto dinero en algunos meses, me pregunto, qué empresas voy a seleccionar. Si no tengo el capital suficiente para mantener la incubadora sin los bonos correspondientes, mi respuesta es muy simple: la selección va a estar basada en el Formulario 22 del Servicio de Impuestos Internos (SII) o en los contratos que tengan firmados con potenciales clientes. Y no me voy a poder fijar en diseño o creatividad, que van a ser, necesariamente, criterios secundarios.
 
- ¿Cuál es tu evaluación del Programa Start-Up Chile?
Mucha gente lo critica, pero a mí me gusta mucho. Creo que el programa en algún momento dado se equivocó y ellos mismos lo reconocieron y aprendieron. Pienso que se equivocaron en que la calidad de las startups que venían en un comienzo no era de las mejores. Y hoy son geniales. Además, está el hecho de que la marca se consolidó en el tiempo, lo que hace que lleguen mejores emprendimientos. Yo nací en septiembre de 1973 y cada vez que yo viajaba, lo único que me hablaban era de Pinochet. Después, con el tiempo, me comenzaron a hablar del vino y, al final, de los mineros. No sabes lo agradable que es viajar hoy y que te reconozcan como del país de Start-Up Chile. Para mí eso vale mucho. Santiago está ubicada dentro de las 20 mejores ciudades para crear una startup y, además, es la primera en español. Cuando uno viaja con una startup a presentarse, por ejemplo en San Francisco, Rusia o China, llegas con una chapita en el hombro que no te lo da el venir de otro país. No obstante esto, aún queda mucho por hacer y mejorar.
Creo que le falta tener una red de mentores más institucionalizada más que tener un ecosistema de innovación tan rico. Pero habría que ver si esos proyectos estarían agradecidos o no con este sistema. Start-Up Chile es muy abierto y libre, lo que hace que se generen eventos de manera constante, aunque no sé si tienen programas específicos de tracción y “pivoteo”. Eso va a depender de cada mentor. Y, para eso, hay que tener más presupuesto.
 
- ¿Cómo ves a los emprendedores chilenos hoy?
Yo digo que si los emprendedores se dedicaran menos a quejarse y a trabajar más, esto mejoraría mucho más. Aquel emprendedor que está todo el rato pidiendo ayuda pienso que no es bueno. Los buenos y que logran cosas son aquellos que están calladitos, escuchan lo que tienen que escuchar, hacen su trabajo y se dedican a facturar. El que come callado, come dos veces. Hay algunos que hacen lo que les recomiendan los mentores; mientras que otros, nada. A ninguno de esos extremos les va bien. Hay que tener carácter pero, a la vez, saber escuchar. Los mejores emprendedores que apoyamos son gente joven que se tomó en serio esto y que se dio cuenta de que tenían una oportunidad.
 
- ¿Faltan casos de éxito para que otros sigan el camino?
Absolutamente. Nos faltan, pero los estamos construyendo. Hay emprendimientos con resultados positivos, pero son pocos y cada vez que hablamos, nos referimos a los mismos, como ArchDaily y otros. Yo me saco el sombrero con ellos, que con el dinero ganado siguen emprendiendo porque es lo que saben hacer y lo hacen muy bien. El problema es que faltan más como ellos. Sin embargo, hay muchos con productos en los mercados, pero la gente no tiene idea que detrás hay innovación y emprendimiento chileno. De quién es la culpa. No sé. Pero si se busca, se encuentran casos. Y en otros fondos de inversión también hay muy buenos casos, que aún no se han vendido por grandes sumas de dinero...
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