"Innovador Disruptivo" Julián Ugarte, director ejecutivo de Socialab

Julian Ugrate, director SocialLab Julian Ugrate, director SocialLab
Innovar, cocrear e impactar son los conceptos básicos que mueven a Socialab, una plataforma de emprendimientos sociales disruptivos que busca generar soluciones a problemáticas asociadas a la pobreza y la desigualdad. A la cabeza de esta iniciativa está Julián Ugarte, un diseñador industrial que conoce como pocos el ecosistema que mueve el emprendimiento social en el país.

Es un convencido que se puede construir un mejor lugar para vivir y ganar dinero al mismo tiempo. Por ello indica que el futuro está en manos de las nuevas empresas ya que son las que tienen el potencial de cambiar el mundo. Pese a que es un crítico de aquellos que se deciden a emprender solo para ser su propio jefe, mantiene su optimismo ya que ha sido testigo de cómo han surgido en Chile personas que están desarrollando proyectos capaces de impactar positivamente a escala global.
Ugarte asegura que no hay excusas para intentar construir un mundo mejor. Los recursos para realizar emprendimientos con carácter social existen, y solo faltan ideas e individuos convencidos para llevarlas a cabo.

El futuro es de las nuevas empresas. Diversos expertos y economistas han señalado que para el año 2035, el 75 % de las compañías que se ubiquen entre las más rentables del mundo aún no han nacido.

Acá su visión y expectativas:
¿Cómo definirías lo que hace Socialab?
Cada día Socialab toma más características de un movimiento que promueve la resolución de problemas antiguos con fórmulas nuevas basadas en la innovación. Y los principales temas que tratamos de solucionar están los relacionados a la pobreza y la desigualdad a través de la cocreación y el trabajo en red con los distintos actores de la sociedad.
 
¿Y cómo surge esta iniciativa?
Los primeros pasos comienzan con la generación de nuestros padres. Me refiero a aquellos que por primera vez comenzaron a ver en el país una abundancia económica más masiva. Fue una generación marcada por lo que se conocía como los "Chicago Boys". Si alguien podía cobrar algo más por un servicio, lo hacía. Y así se comienzan a formar empresarios que se ponen de acuerdo para subir un precio a un remedio o concretan pactos unilaterales. Ante este escenario, comienza a surgir una juventud disconforme con esta forma de mercado, con individuos que están tratando de resolver los verdaderos problemas de la gente. Y para realizar estos cambios, se han dado cuenta de que resulta complejo realizarlo desde una ONG o desde el gobierno, por la burocracia.
Así surge Socialab como un espacio para resolver los problemas de la gente e impulsar empresas que trabajen por un mundo mejor. Y nuestro movimiento se sustenta en los proyectos que tenemos, los que son reales, importantes y pueden impactar a millones de personas.

¿Ese apoyo es solo gestión o también ofrecen financiamiento?
Nosotros desarrollamos una plataforma de innovación abierta (que se transformó en la más grande del mundo en cuanto a cantidad de usuarios e ideas) donde organizamos competencias para resolver problemas sociales o formas de utilizar la tecnología para generar bienestar en determinado sector de la población. Desde ahí analizamos los mejores proyectos y transferimos recursos como capitales semillas para cada iniciativa destacada. Para el 2012, fueron más de 3.000 proyectos los que recibimos (este año llevamos más de 10.000) y entregamos capital semilla o transferencia en premios por 1,9 millones de dólares a un total de 111 proyectos, de los cuales 24 están trabajando con nosotros. Y esto mismo se está replicando en nuestras oficinas en Buenos Aires, Bogotá y Montevideo.

¿Qué destacarías de los proyectos e ideas que reciben?
En todos los países estamos realizando desafíos. Pero lo interesante es que los proyectos son buenos. El año 2013 recibimos más de 10.000 propuestas. Y de todas esas, es muy probable que nos encontremos con unos 20 o 30 proyectos muy buenos. Se trata de proyectos de jóvenes sub-30 muy innovadoras, disruptivas y desarrollados con un enfoque global. Y es increíble ver la cantidad de individuos capacitados para realizar este tipo de emprendimientos.

¿Cómo así?
Hace cinco años te enseñaban que el emprendimiento era una excusa para no tener jefe. Para trabajar desde la casa, con un horario flexible y ganar plata. Y que te vaya bien haciendo eso es difícil y no vas a tener un fin tan grande. Solo apuntas a obtener recursos. Estos emprendimiento más disruptivos están buscando cosas más profundas y son soluciones más globales.

¿Cuál es el perfil de este tipo de emprendedor?

Son demasiado inquietos, se preguntan mucho las cosas y tienen mucha energía. Tienen entre 25 y 30 años y están convencidos de que pueden cambiar el mundo. Se imaginan el futuro con todos los detalles y construyen su idea paso a paso. Muchos tropiezan, pero jamás traicionan su sueño. Su objetivo no es solo ganar dinero, sino mejorar el mundo.

¿Y se puede hacer ambas cosas?
Soy un convencido de que se puede construir un mundo mejor y ganar dinero. Este debería ser como un nuevo paradigma de éxito. Es un emprendimiento más solidario, pero en ningún caso es algo hippie. Son soluciones concretas con todas las reglas del mercado que buscan resolver problemas sociales.

Y hoy, ¿las universidades fomentan el emprendimiento social?
El mundo está a un ritmo muy acelerado. Todo cambia muy rápido y gran culpa la tienen las nuevas tecnologías. Y en este escenario, las universidades deberían analizar lo que pasará en los próximos cinco años más que analizar temas del pasado. Nosotros (en Socialab) tenemos proyectos que son grandes innovaciones. Vienen académicos que estudian y analizan estos trabajos, que luego en tres años más se transforman en un paper. Es por ello que veo un desfase entre el futuro y la realidad respecto a las universidades. Siguen entrenando personas para un modelo tradicional y les está costando tomar lo que ocurre en tiempo real. Pero deben adaptarse, ya que el futuro se viene demasiado rápido.

¿En qué momento surge esa chispa social?
Creo que se trata de volver al origen de lo que significa realmente hacer innovación. Si la consideramos como una herramienta para solucionar un problema, al lograrlo agregas valor y puedes obtener recursos. Si esa es la lógica...
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