Ffrench-Davis: "El Presupuesto 2015 no tiene la fuerza necesaria para reactivar la Economía"

Ricardo Ffrench-Davis/ Fotografía: Darío Vargas Ricardo Ffrench-Davis/ Fotografía: Darío Vargas
En entrevista con Innovación & Mercado, el destacado economista y académico de la Universidad de Chile plantea que, dada la profundidad de la desaceleración, se requería un shock reactivador fuerte. "No obstante, el Gobierno lo hace suave", dice.
A unque hizo su doctorado y magíster en la Universidad de Chicago, cuna del neoliberalismo y alma mater de los economistas que en la década de 1980 asesoraron al fallecido dictador Augusto Pinochet, Ricardo Ffrench-Davis no tiene reparos si se trata de elaborar un pensamiento crítico de esa doctrina. De hecho, la recién lanzada quinta edición de su libro “Chile entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad” hoy genera polémica tal como hace 15 años atrás, cuando vio la luz por primera vez.

Somos campeones de la inflación baja, pero con grandes desequilibrios que afectan a los productores del PIB, principalmente a las pymes y los trabajadores de menor calificación. Eso deja huellas estructurales de desigualdad”.

En esas páginas –que en la nueva versión añaden un examen al manejo local de la crisis global de 2008 y 2009 y de la conducción económica del gobierno de Sebastián Piñera– analiza las políticas que han llevado a un crecimiento sostenido y también las que, a su juicio, han originado una expansión mediocre en los últimos 40 años. Además, en la obra el académico de la Universidad de Chile y uno de los fundadores del centro de estudios Cieplan plantea la necesidad de avanzar en equidad social. De igual modo, critica las gestiones de la Concertación, conglomerado del cual, como demócrata cristiano hasta la médula, ha sido un activo militante.

Como sea, los conceptos “neoliberalismo” y “crecimiento con equidad” son una antítesis, dice Ffrench-Davis. Agrega que, si bien el modelo nacido en Chicago puede garantizar la expansión de una economía en un auge, a este le siguen contracciones intensas, con empleo desigual y precario. Eso es lo que provocó durante los 17 años de dictadura, sostiene. Y añade: “El esquema neoliberal asume que el mercado es el que sabe, por sí solo, hacer las cosas y todo se deja en sus manos. Por ejemplo, que mande en materia de pensiones sin pensar siquiera en una AFP estatal. Que haya impuestos bajos para que sean los empresarios grandes quienes decidan. Lo mismo con el tipo de cambio, que no lo maneje el Banco Central, sino el mercado financiero”.

“Un economista alemán –complementa–, considerado bastante neoliberal, se preguntaba por qué a ese país le ha ido bien. Su respuesta fue: ‘porque especulamos y nuestras instituciones no amparan lo especulativo. El neoliberalismo lo es al premiar las ganancias de capital, en donde se compra una acción barata y luego se vende cara y, encima, en Chile lo eximimos de impuestos. Los gobiernos de la Concertación cayeron en ese error. En cambio, el crecimiento con equidad premia al que hace innovación productiva, da mejor empleo y gana más plata porque está produciendo mejor sus bienes y servicios”.

-En los 15 años pasados entre la publicación de la primera y la quinta edición de su libro, ¿qué hecho económico ha sido clave para Chile?
La primera edición se publicó en 1999, después de esos 9 años muy exitosos (1990-1998) en los que crecimos a un promedio de 7,1%. Teníamos una economía con muchas virtudes y podíamos salir de la crisis asiática para retomar una expansión que se acercara a la de los años previos, y que había sido muy superior a la del resto de América Latina. Ahora, en tanto, llevamos 15 años creciendo en promedio 3,9%, que no es malo, pero es mediocre.

En este período (1999-2013), cambiaron dos variables clave: la cuenta de capitales y el tipo de cambio. El país había hecho méritos para ganar credibilidad y había que usarla implementando un shock reactivador. Sin embargo, la decisión de las autoridades, en general, fue no hacerlo. Chile permaneció 5 años recesionado, con alta desocupación y bajas ventas de las empresas. Es lo que se llama una macroeconomía pasiva, solo preocupada del IPC y no del empleo y el crecimiento sostenido. Eso es determinante y explica el porqué caímos de 7,1% a 3,9% promedio.

-¿Se refiere a la apertura de la cuenta de capitales?
Sí. ¿Y qué mensaje enviamos con ello? Que los mercados de capitales hacen la macroeconomía. El Banco Central se preocupa de la inflación, mientras que la demanda, la actividad, el empleo, los incentivos macro a la inversión son principalmente determinados por los mercados financieros internacionales, que son procíclicos. No actúan mirando el potencial de largo plazo, sino que miran cómo se gana plata en el overnight (en la noche); es legítimo, pero no pueden hacer bien la macro. El modelo neoliberal nos deja dependientes de eso, de lo procíclico, y no debe ser así. América Latina ya lo hacía y Chile se incorporó desde fines de los 90. Es muy grave, pero es la moda. Somos copiadores de esa moda. En los años del 7% fue lo opuesto.

-¿Eso es resorte de los gobiernos de la Concertación?
Más del Banco Central que del Ministerio de Hacienda. En particular el primer Gobierno de la Concertación lo tenía claro y crecimos cerca de 7,6% en esa gestión. Es muy interesante que el Central y Hacienda trabajaron estrechamente, armónicamente, hasta 1996. Ambos concordaron en mantener políticas contracíclicas, manejando demandas internas consistentes con la capacidad productiva, el PIB potencial, que es bueno para las grandes empresas y para las pymes. También para los trabajadores de menor calificación. Mejoró la distribución y el empleo. Mediante una buena administración del tipo de cambio se mantuvo un equilibrio entre volumen de importaciones y exportaciones, además se impulsaron envíos no tradicionales y con mayor valor agregado. Esto se analiza en el capítulo VI del libro.

-¿La apertura de capitales y la paridad debieran estar regulados, como cuando el dólar se movía dentro de una banda?
Claro, puede ser una banda formal o que el Banco Central intervenga evitando un dólar demasiado caro o muy barato. Esa moneda ha estado en $760, $435, $620. Eso es fruto del tipo de cambio libre y de apertura plena de la cuenta de capitales. ¿Alguien que entienda algo de economías de mercado puede creer que eso no es dañino para las exportaciones no tradicionales, para las pymes y el desarrollo productivo?

-¿Propone una intervención permanente del ente rector?
Sí, pero sin atarse de manos. El Central ha hecho, en los últimos 15 años, cuatro intervenciones y se amarró las manos especialmente en dos, al anunciar la compra de tantos millones de dólares por período. No, eso debe depender de lo que esté pasando y de las señales foráneas. La política cambiaria es para evitar que los altibajos externos hagan oscilar la economía hacia arriba y abajo. El tema es que en los 15 años recientes, con excepción de dos o tres, la economía ha estado produciendo por debajo del PIB potencial. Eso es ser un efectivo enemigo del mercado real, de los productores del PIB, y amigo de los especuladores que viven de las ganancias de capital en vez de las ganancias de productividad, que es la base del desarrollo sostenido.

Dicen que somos campeones de los equilibrios macro, cuando estuvimos 12 o 13 años fuera de esa condición. Somos campeones de la inflación baja, pero con grandes desequilibrios que afectan a los productores del PIB, principalmente a las pymes y los trabajadores de menor calificación. Eso deja huellas estructurales de desigualdad: inestabilidad laboral, mayor informalidad y una marca sobre los hijos de hogares afectados por el desempleo. Algunas pymes desaparecen y otras no nacen porque los bancos les reducen el crédito, que se reconcentra en las grandes compañías porque dan confianza y tienen espaldas. La macro procíclica es negativa para el crecimiento y para la equidad.

-Se acaban de cumplir 25 años de autonomía del Banco Central. ¿Cómo evalúa el accionar de esa entidad en este período?
Lo más evidente es que hemos tenido inflación baja y crecimiento reducido, con desequilibrios de la economía real. Hay fallas serias en las políticas macro que debieran corregirse, retornando al equilibrio de objetivos y de coordinación logrados en parte de la década de 1990.
 
RENTA PRESUNTA: UN GOL
-Este año el debate ha estado marcado por la Reforma Tributaria. ¿Qué opinión tiene del proyecto original y del que finalmente se aprobó?
Ambos recaudan; el inicial con más certeza. Los dos son progresivos, pero mientras el primero atacaba más férreamente los vacíos y la elusión regresivos, la ley aprobada debilitó esos ataques. Ese fue el costo de negociar una Reforma Tributaria con la derecha, incluida la más extrema, con ese neoliberalismo ultra que idolatra un mal entendido mercado.
El protocolo (de acuerdo, suscrito con la derecha) abrió espacios para la elusión y la evasión. Con la renta presunta nos metieron un gol de 16 mil empresas adicionales, en la línea de tratarlas como pymes, y se mantuvo demasiadas empresas en ese sistema. De todos modos, se avanzó algo respecto a lo que había.

-¿El Gobierno tiró el tejo pasado para luego negociar?
-No, creo que era con la intención correcta. Uno dice es razonable que se aumente el volumen de empresas que participan de la renta presunta, pero un artículo de Claudio Agostini plantea que esa fue una ventaja que se le dio al 8% de los chilenos más ricos. La administración de la presidenta Bachelet de ninguna manera habría querido espontáneamente darle una ventaja a esa fracción de la población de altos ingresos. A entre el 30% y el 50%, sí. Esto no es lo central de la reforma, pero debilita decididamente el tema de la equidad.
 
-¿Hay otros puntos débiles de la reforma?
La mantención de un canal optativo de renta atribuida. Si se abandonó la norma general de renta atribuida, era mejor eliminarla toda y no mantener una vía que se presta a elusión obvia. Yo era partidario de la desintegración y me parece muy positivo el avance a un modelo semintegrado: al declarar el global complementario, el SII le acreditará al contribuyente receptor de utilidades o dividendos solo el 65% del impuesto a la renta pagado por la empresa. Evidentemente, la reforma afectará la capacidad de inversión. Si las firmas pierden siete puntos de caja propia, van a invertir algo menos y, por lo tanto, hay que contemplar políticas muy vigorosas que favorezcan esa variable. Los anuncios del ministro de Economía van en la dirección correcta.

-¿Qué le parece la forma en que se “cocinó” el protocolo?
¡Pésimo! Es un desprestigio para la política. Una iniciativa de estas características se debe llevar adelante en las instancias correspondientes, lo más transparente posible. De todos modos, lo reitero con todas sus letras: el proyecto que salió es mejor que lo que teníamos antes de la reforma.

-A agosto, la inversión extranjera directa ha bajado en torno a 16%. ¿Eso se debe a las reformas o está siendo arrastrado por el ciclo económico?
Una combinación. La inversión extranjera es bastante variable. Entre 2011 y parte de 2013 fueron espectacularmente altos. Sin embargo, una fracción muy importante eran adquisiciones, que no son inversiones productivas. Alguien desinvirtió y, en general, el que lo hace es el chileno y el que compra es extranjero. ¿Queremos que la inversión chilena se jibarice y sean los foráneos los que inviertan? Eso demuestra un complejo de inferioridad. Soy muy crítico de esa tendencia. El otro componente muy grande es el ciclo de inversión minera. Mucho fue para reponer la capacidad productiva y no para ampliarla; eso nos tira hacia abajo la productividad total de factores (PTF), pero hay que hacerlo y es muy importante.
 
SHOCK REACTIVADOR SUAVE
-Pero, ¿influye lo cíclico o las reformas, como ha reiterado Felipe Larraín, exministro de Hacienda de Sebastián Piñera?
Cuando dice que el gobierno del presidente Piñera dejó una economía creciendo al 5,7% o 5,3% está ignorando que partió de una recesión y que, por lo tanto, el capital y el trabajo estaban ahí. Cuando eso se considera, da un promedio del orden de 4%, tal como el 4,1% de 2013 lo expuso; es similar a lo que muestra Chile desde 1999. Él no logró salir de esa media ni de estabilizar. Recibió una economía en aceleración y...
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