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Exministro Economía Hugo Lavados: “Hay un error monumental en el diagnóstico de las reformas"

Hugo Lavados / Fotografía: Darío Vargas Hugo Lavados / Fotografía: Darío Vargas
El ex ministro de Economía del anterior gobierno de la Presidenta Bachelet y actual rector de la Universidad San Sebastián, Hugo Lavados, critica de forma enérgica las reformas impulsadas por el actual gobierno. Dice que el Ejecutivo equivocó el diagnóstico de lo que realmente quiere la gente.
Hugo Lavados, es una voz autorizada como exministro de Economía del anterior gobierno de la presidenta Bachelet, magíster en Economía en la Universidad de Boston, actual rector de la Universidad San Sebastián y con vasta trayectoria académica al criticar duramente el accionar de la actual administración, en especial, en materia de educación, donde considera que se están cometiendo importantes errores, como imponer la gratuidad como eje del proyecto.
 
Piensa que la forma en que se ha llevado la discusión sobre el futuro ha sido “desafortunada”, sobre todo, a la hora de llevar las grandes ideas de la campaña presidencial –que sí comparte- al plano legislativo, donde estima que los proyectos de ley han dejado mucho que desear. Según él, fue poco prudente pensar que se podían cambiar tantas cosas de manera tan rápida, aludiendo a la coexistencia de reformas en diversos frentes, y cree que hubiese sido mejor lograr consensos más amplios antes de avanzar de manera “tan voluntarista”, como piensa que se ha actuado desde muchos sectores del Gobierno.
 
Cree que entregar gratuidad a todos es injusto porque existe un alto porcentaje de familias que sí están en condiciones de pagar los estudios de sus hijos y plantea, como alternativa, impulsar un gran programa de becas. Asimismo, estima que en el sector público hoy no están presentes todas las capacidades para llevar adelante tantos cambios, los que espera tengan una revisión antes que se conviertan en políticas públicas que dejen un problema mayor al que se quiso resolver.
 
En relación a la recaudación fiscal que tendrá la Reforma Tributaria –menor a la esperada- Lavados piensa que es necesario replantearse las prioridades, materia en la que asegura el Ejecutivo no ha sido lo suficientemente claro y cree que el sector privado ha puesto un freno en sus inversiones, pero no por hacer fracasar al Gobierno, sino por el temor e incertidumbre que ve en el ambiente.
 

Diálogo no ha habido. Solo monólogos unilaterales. Hemos tenido reuniones, que han sido amables y cordiales. Pero los hechos han demostrado que el Gobierno ha sido totalmente impermeable a otras opiniones. No les entran balas”.

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 - ¿En perspectiva, cómo analiza las expectativas generadas desde la última campaña presidencial?
A diferencia de algunos que hablan de irresponsabilidad, yo preferiría decir que se fue poco prudente, tomando en cuenta que este tipo de reformas requieren planteamientos con mayores grados de consenso. Si lo que interesa es hacer cambios, a final de cuentas lo que importa es considerar el tiempo que toma llegar al objetivo y que no quede un desparramo en el camino. Si uno mira el programa de Gobierno, haciendo un análisis ex-post, creo que los objetivos están meridianamente claros, pero respecto de algunas de esas metas, hubo cierto engolosinamiento cuando se planteó que se votó por la presidenta Bachelet para hacer las cosas de una manera determinada. Creo que la gran mayoría de quienes votamos por la presidenta creíamos que había que hacer cambios.
 
Nadie sospechaba que la reforma iba a partir por la gratuidad cuando se pensaba que lo importante era corregir la calidad y la equidad, lo que se lograba reforzando la educación pública. Y, hasta el momento, en educación escolar, no hay nada concreto que permita decir que está mejorando la educación pública. Ha habido varios errores.
 
- ¿Por qué cree usted que existe tan alto rechazo a las reformas implementadas por el Gobierno, si se supone que se trataba de demandas muy anheladas?
Que había necesidad de llevar a cabo reformas, nadie lo duda, por eso si alguien dice que la educación chilena debe mejorar en su calidad, todos firmamos eso. Y si, después, nos dicen que esta misma educación debe ser más equitativa porque es tremendamente desigual, también estaremos todos detrás. Se trata de dos conceptos centrales que, bajados después a programas específicos y proyectos de ley, han evidenciado una serie de problemas.
 
A la luz de la discusión de los proyectos enviados por el Ejecutivo, creo que no se visualiza para nada por dónde se va a producir el mejoramiento de la calidad de la educación ni tampoco un progreso en cuanto a la inequidad de lo que hoy existe. La gente no lo percibe como creen las autoridades. Y creo que hay un error garrafal cuando se dice que el problema es que se ha comunicado poco o mal lo que se ha hecho y que todo se resuelve teniendo a los ministros desplegados por todo el país repartiendo la buena nueva de las reformas. La gente no es tonta. Si una persona tiene a su hijo en un colegio municipal y la calidad de ese establecimiento no se ve que mejore, la reacción natural es de molestia. Si a la gente le preguntan, esta no va a responder desde la teoría ni desde consignas como “no al lucro” o “no a la selección”.
 
- ¿Cree que el Gobierno tuvo un mal análisis del comportamiento de las personas?
Estoy absolutamente convencido de eso. Y a eso lo llamo voluntarismo. Se extrapola la convicción de quienes plantean las reformas a la manera en que lo haría el resto de la gente. Y eso no es así. El comportamiento de las personas es muy poderoso como para poder cambiarlo de manera muy rápida. Y no van a cambiar por la existencia de un proyecto de ley o un mero decreto.

El convencimiento de que los colegios subvencionados son mejores que los municipales no tiene relación con la calidad de la educación que ahí se imparta. Se debe a que en muchas partes no quieren para sus hijos el clima que se da en los establecimientos municipales. Y esa idea en la gente no va a cambiar porque la autoridad así lo busque, porque se trata de ideas arraigadas en la sociedad. Y frente a ello, uno se encuentra con argumentos, muchas veces tontos, como el que dice que “hay un pecado de origen porque surgió en la dictadura y no se discutió de manera democrática”. Y, bueno, uno podrá estar de acuerdo con que surgió bajo dictadura y que se impuso de manera no democrática, pero hay que considerar todo el tiempo transcurrido desde que este sistema se impuso y que ha generado cambios en la gente.
 
No es posible pensar que uno puede retrotraer el estado de las cosas a una situación anterior al cambio generado en los años 80. Se trata de cambios que se hicieron y que tuvieron profundos efectos en nuestra sociedad, que hasta el día de hoy son palpables. Entonces, pensar que por el hecho de haber un pecado original, las cosas se pueden llegar y cambiar de manera rápida no resulta razonable. Y, además, haciéndolo de mala manera, en muchos casos con incompetencia y proyectos de ley mal planteados.

No veo a nadie en el Ministerio de Educación ni dentro de los partidos de la Nueva Mayoría con la fuerza suficiente que diga “paremos esta cuestión”.

hlavados3- ¿Fue un error plantear la gratuidad de la educación superior como punta de lanza de la Reforma Educacional?
 
Creo que era una aspiración que había en el ambiente. Sin embargo, creo que la gratuidad para todos es algo injusto si se considera que existe un porcentaje de alumnos en las universidades, que debe ser cercano al 30%, que no tiene problemas para pagar los aranceles. Pienso que es injusto que no lo hagan. Se argumenta “que paguen después porque se les va a aplicar un impuesto”, cuando cobrar impuestos después no es una cosa tan sencilla y, en nuestro país, los impuestos van a fondo común para la nación, no van a fondos específicos. Yo pensé que habíamos aprendido esa discusión cuando se aprobó el royalty al cobre y después vimos que esos dineros no se reinvirtieron en ciencia y tecnología.

La discusión sobre la gratuidad en la educación superior veo que ha sido llevada de manera muy desafortunada porque no se están previendo las negativas consecuencias que tendrá. Esta discusión tiene que considerar qué se entiende por gratuidad en la educación y creo que la mayoría coincidimos en que se trata de no pagar mientras se estudia. Yo no he logrado entender por qué se ha seguido sin mayores cambios después de hacer presentes todos los problemas que va a tener y las cosas que todavía faltan. Por qué no seguir el camino sensato de generar un gran programa de becas y contar con un compromiso de las instituciones que entren a este sistema en cuanto a que no habrá copago. Los problemas que va a tener este sistema, que obstinadamente está llevando adelante un grupo de personas en el Ministerio de Educación, van a ser muy grandes. Pienso que a la presidenta no le han informado de los efectos negativos que habrá.
 
- ¿Qué tipo de efectos negativos?
Visualizo un grave problema de convivencia entre las instituciones. Entre ellos, el no pago de aranceles en muchos planteles que no tienen gratuidad. La determinación de los aranceles es un problema técnico gigantesco, que pretenden resolverlo con un cálculo al “ojímetro” de un 20% por sobre el arancel de referencia del CAE. El déficit financiero que se les va a producir a algunas instituciones será gigante. He hablado con varios rectores que estarían dentro del sistema de gratuidad, que no es nuestro caso, que me dicen que no tienen claro que vayan a ingresar al sistema de gratuidad porque se les va a generar un déficit que les obligaría a cerrar. Me refiero a temas prácticos, porque si vamos a temas más de fondo, sobre la concepción del sistema, lo primero que tiene que haber es un conjunto de definiciones sobre cómo se va a regular el sistema, sus características, qué es lo que se pretende respecto de la naturaleza de las instituciones, cuál será el organismo rector, etc. Y de eso no hay nada. Lo único que tenemos es un documento, la versión en Word de un Power Point que se presentó a comienzos del gobierno, a consideración de un grupo de rectores, que contiene las bases de lo que será la Reforma de la Educación Superior. Son menos de 30 páginas en las que se ve que se pretende cambiar todo en educación superior: funcionamiento, financiamiento, acreditación, etc. Y desde entonces, nada ha cambiado ni se ha agregado desde el Ministerio de Educación. Yo no he encontrado a nadie que considere bueno ese documento en su totalidad, ni la Comisión Nacional de Acreditación, el Consejo Nacional de Educación o instituciones educativas en las que hay connotados miembros de la Nueva Mayoría. Hay algunos que rescatan ciertas partes, pero nada más.
 
Es un gran error comenzar el tema de la gratuidad de esta forma y entiendo que sería injusto pedirle a la presidenta que se eche para atrás con esto, porque era parte de una promesa electoral. Sin embargo, creo que el mundo político y los encargados de educación deberían plantearse que existen otras formas de comenzar la gratuidad y que tienen muchos menos efectos. Para generar una verdadera transformación como la que se quiere hacer, es necesario, primero, discutirla a fondo con los actores interesados. No es posible generar cambios que serán irreversibles sin mayor discusión ni reflexión.
 

La innovación de verdad solo es posible si hay una base de gente que esté dedicada a la ciencia y la tecnología, en especial a la ciencia, y se hace muy difícil lograr altos niveles de innovación significativa sin lo anterior”.

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- ¿No ha generado el Gobierno mayores instancias de diálogo con los interesados?
Diálogo no ha habido. Solo monólogos unilaterales desde el Gobierno. Hemos tenido reuniones, que han sido amables y cordiales. Pero los hechos han demostrado que el Gobierno ha sido totalmente impermeable a otras opiniones. No les entran balas. Hay una concepción de la cual no se han movido ni un milímetro, lo que algunos consideran positivo porque demostraría convicción y consistencia, pero yo lo considero muy negativo porque las políticas públicas no se pueden manejar de esa manera.

Además, hay otro problema. Veo que el sector público tampoco cuenta con todas las capacidades como para desplegar todas las velas y avanzar en tantos frentes. Y creo, además, que en algunos casos los niveles técnicos en los servicios públicos se comenzaron a debilitar. No sabría decir cuánto, y sé que no es del todo simpático tener que decirlo, pero uno observa que en ciertas áreas hay gente con mucho entusiasmo, pero que no han tenido experiencia práctica y que suelen promover políticas que están más cerca de la teoría y del análisis académico que de la realidad.
 
- ¿No cree que la discusión sobre la Reforma Educacional se ha centrado casi de manera exclusiva en la gratuidad, dejando afuera otros aspectos centrales, como calidad, formación docente y otras consideraciones?
Me parece que sí. Y si lo miro desde un punto de vista sociopolítico, veo que se trata del aspecto más noticioso y que más llega directamente a las familias. Gratuidad es lo más fácil de entender. Sin embargo, pienso que primero se podría estar definiendo qué es lo que se va a hacer con la acreditación o la forma de evaluar la calidad de la educación que se imparte. Hoy vemos que la discusión se ha centrado en la gratuidad, lo que a uno lo obliga a centrar sus esfuerzos en ver ese asunto, descuidando de paso otras importantes áreas del sistema que también son importantes.
 
- ¿Qué echa de menos en la discusión que se está teniendo?
Me detendría a pensar en la definición de gratuidad, que yo la entiendo como estudiar sin que la familia haga un esfuerzo económico. Resolviendo eso, se hace mucho más fácil buscar puntos de solución. No obstante, veo que hay un grupo reducido de personas instaladas en el Ministerio de Educación que han desarrollado un poder enorme para tener a todo el país preocupado casi exclusivamente de la gratuidad. Y no veo a nadie en el ministerio ni dentro de los partidos de la Nueva Mayoría con la fuerza suficiente que diga “paremos esta cuestión”.

Son muy pocos dentro de la coalición los que han planteado un cuestionamiento a estas cosas fundamentales. Lo que prima son los mensajes, que son más fáciles de comprender para el grueso de la gente. Falta aceptar que lo que importa es el objetivo y su definición y que el mecanismo definitivo lo podemos dejar para más adelante. Se extraña mayor visión y análisis de lo que es el proceso real de desarrollo del sistema de educación superior. Algunos porque no lo quieren ver y otros porque no les interesa. Hoy, por estar discutiendo el tema de la gratuidad, pasa colado el asunto de mirar hacia el futuro y ver cómo el país puede progresar en materia de ciencia, innovación y tecnología.
 
Usted votó por la presidenta Bachelet. ¿Se siente cerca o lejos de su gobierno?
A mí no me gusta la forma en que se ha llevado adelante la Reforma Educacional y yo voté por la presidenta Bachelet. En eso no hay contradicción, ya que fui ministro de la presidenta Bachelet. Es el derecho a mirar las cosas desde mi prisma y a pensar diferente nomás.
En paralelo a la discusión educativa, se implementó una Reforma Tributaria que no va a dejar los US$8 mil millones esperados en un primero momento. Había un plan y un programa que contaba con esos recursos.
 
- ¿Qué hacer entonces?
Creo que, políticamente, lo más difícil de hacer no es tanto definir lo que se va a hacer, sino que explicar lo que no será posible de realizar. Sin embargo, es común oír que se diga “no importa, seguimos adelante igual, porque no podemos dejar de cumplir las promesas de campaña”, pero es necesario asumir que no se pueden cumplir todas las promesas efectuadas. Así de simple. Y eso, hay que asumirlo.
 
- Fue muy criticada la manera en que, finalmente, se elaboró esta Reforma Tributaria. ¿Cómo la vio usted?
Uno puede criticar muchas cosas de la Reforma Tributaria. Hay que recordar que esta recaudación de US$8 mil millones era un cálculo sobre el crecimiento que se iba a tener y resulta que esa parte de la historia está cambiando.

Hay que volver a fijar las prioridades y, sobre eso, veo que el Gobierno ha sido muy poco claro en términos de fijar las preeminencias. Tras el famoso cónclave de principios de agosto, hubo muchos que dijeron que todo iba a seguir igual. Sin embargo, yo desconozco el detalle de la hoja de ruta que ahí se planteó. Pero si uno se atiene a las declaraciones concretas, por ninguna parte se ve por dónde irán las prioridades del Gobierno. Por ejemplo, nadie, en ningún momento, dijo que tal ítem se iba a postergar por un tiempo o algo parecido.
 
- El ministro de Hacienda ha hablado a la gente de ser responsable en el manejo de sus recursos. ¿Cómo ve el actual panorama?
A estas alturas del partido, es poco relevante saber si pesan más o menos los factores externos o internos en esta discusión, pero lo que sí hay que tener presente es que siempre las crisis económicas internas se producen por la ocurrencia de grandes problemas en el ámbito internacional. Y el impacto interno será mayor o menor, dependiendo de la respuesta interna que tengamos. Lo que es obvio, pero muchas veces se olvida.
 
- ¿Cómo analiza dicha respuesta interna?
Hasta ahora no se ha visto mucho. Da la impresión de que, a grandes rasgos, hay dos posiciones que predominan. Una de ellas, en el Gobierno, visible desde el Ministerio de Hacienda, que se preocupa del control del gasto público en vista de los problemas que tenemos al frente. Pero sin tratar mucho de modificar lo relacionado con las expectativas de las incertidumbres. Y desde el lado de las empresas, en especial desde los grupos económicos más importantes, veo que tampoco se desarrollan esfuerzos significativos de plantear formas de superar la actual coyuntura.
 
- En este escenario descrito, ¿cómo proyecta la actual situación económica?
La economía en cualquier país es un barco grande al que no se le puede modificar de forma brusca su dirección. Y cuando a un barco grande se le quiere hacer virar de forma muy brusca, se ladea y pierde la estabilidad.
Hubo un exceso de entusiasmo en pensar que era posible cambiar muchas cosas de manera rápida, lo que me indica que existe falta de comprensión sobre la manera en que funciona la economía por parte de algunos. Si uno quiere cambiar algo que está caminando y que no se ha detenido, no es cosa de llegar y querer partir desde cero. Se dio una generación desmesurada de expectativas para un sector y, en paralelo, desde el sector productivo hubo un exceso de elaboración negativa sobre una serie de planteamientos emanados desde el Gobierno.
 
- En la época de la anterior crisis usted era ministro de Economía. ¿Hay alguna similitud con el panorama de desaceleración que se vive ahora?
Efectivamente, yo era ministro de Economía cuando quedó “la crema” en la economía chilena, tras la crisis financiera el año 2008, que ocurrió en un momento muy corto de tiempo. Había problemas en el frente externo mucho más graves que los que existen hoy. Sin embargo, la gente entendió que había cosas que no se podían resolver de un día para otro, incluso con una tasa de desempleo de casi el 12%. Y los índices de popularidad del Gobierno y la presidenta comenzaron a subir, lo que me demuestra que el argumento de que el país no entendería que tuviéramos que hacer ajustes a las reformas no se sostiene.
 
- ¿Reformas a las reformas?
Sí, pero nos topamos nuevamente con el voluntarismo de algunos de pensar que lo que entienden de cómo son las cosas es la misma manera de entenderlas por parte de la gente. Insisto, hay un error monumental de diagnóstico, de pensar que los cambios van por el lado que mucha gente de Gobierno cree. Hay muchos analistas de Gobierno que pontifican desde el escritorio, pero falta una mayor comprensión de cuáles son los verdaderos anhelos de la gente y de su comportamiento. Se escuchan frases como “no gobernamos sobre la base de las encuestas y el rumbo lo tenemos muy claro, así que, seguiremos adelante”. Sin embargo, yo creo que lo que las encuestas muestran, con todas las imperfecciones que puedan tener, es que a las personas no les gusta lo que están viendo en materia de reformas. Lo encuentran...
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