Álvaro Fischer: "Hay contradicción en la Agenda de Productividad del Gobierno"

Álvaro Fischer / Fotografía: Darío Vargas Álvaro Fischer / Fotografía: Darío Vargas
Cursó sus estudios en The Grange School y se tituló de ingeniero matemático en la Universidad de Chile. Empresario, cofundador del grupo de empresas Resiter, proveedora de soluciones tecnológicas ambientales a empresas mineras, industriales y de alimentos. Fue fundador y director de la clínica Las Nieves, así como accionista y presidente de SMB Factoring. Ha sido director de empresas como Salcobrand, FASA, Cruz Blanca Salud y actualmente Empresas Copec.
En el ámbito público, fue presidente de la Fundación Chile y encabezó el Instituto de Ingenieros de Chile (2000-2001) y, en calidad de rector, la Universidad Tecnológica de Chile, Inacap (2005). También ha integrado el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad de Chile y el Consejo Empresarial de la Facultad de Gobierno de la UDD.
 
- ¿Qué te parece la agenda de productividad presentada por el Gobierno hace unas semanas atrás?
Creo que la agenda de productividad, innovación y crecimiento es una agenda que está pensada en la dirección correcta y apunta a ejes importantes. Para aumentar la productividad es fundamental la innovación.

Si se está impulsando una agenda, fundada en que se van a generar desigualdades y, por otro lado, se está apoyando el esfuerzo por obtener ganancias, que algunos llaman lucro, se entra en contradicción con la filosofía de las grandes medidas que el Gobierno está tomando".

El gobierno ha hecho un diagnóstico y afirma que es necesaria la participación del Estado en la creación de bienes públicos. Yo comparto eso, me parece que el Gobierno debe entregar herramientas para que los agentes –que son finalmente los que generen la innovación, aumentan la productividad e impulsan el crecimiento– estén en mejores condiciones de hacerlo.
En esa mirada no tengo objeciones importantes, pero sí tengo matices en los énfasis que el Gobierno hace y sobre ciertos marcos generales en los cuales se desenvuelve esta agenda.
Uno de los temas es que en casi todas las medidas de los cuatro ejes estratégicos, de los siete ámbitos de acción y de las 47 medidas que están en esa agenda, se trata de impulsos que el Estado hace. Generar fondos, impulsar programas, hacer estudios, desarrollar laboratorios de análisis, instalar observatorios que calculan o miden índices, etc. Me parece que falta algo como complemento a eso.

- ¿...Qué sería?
Ver de qué manera el Estado hace un esfuerzo para mejorar el sustrato en el cual se desenvuelve el sector privado, los agentes económicos individuales, que son los que finalmente van a hacer las innovaciones, aumentar la productividad y generar el crecimiento.
El Estado está haciendo la parte de empujar, el push, y puso poco énfasis en la parte de ayudar, el pull, para que acompañe de manera balanceada a esta agenda. Esa es una salvedad que yo hago y me parece que no está bien recogida en la agenda.
 
El otro punto que me parece importante hacer notar, es que cuando el ministerio de Economía plantea la importancia de aumentar la productividad, impulsar la innovación y generar crecimiento, está suponiendo que aquellos agentes que van a hacer todas estas cosas son importantes para el país. Pero resulta que para hacer eso, los agentes económicos deben estar motivados, incentivados por un legítimo afán de éxito, de utilidades, de ganancias, que en su forma más despectiva se denomina "lucro".
Eso genera naturalmente desigualdades en la sociedad, porque no todas las personas tienen las mismas disposiciones a tomar los riesgos ni las mismas capacidades o talento para hacerlo bien.

Si se está impulsando una agenda, fundada en que se van a generar desigualdades y, por otro lado, se está apoyando el esfuerzo por obtener ganancias, que algunos llaman lucro, se entra en contradicción con el paraguas general que cubre la acción o la filosofía de las grandes medidas que el Gobierno está tomando, para las que se denuncia a la desigualdad como el mayor problema que hay en Chile y se afirma que el lucro es una lacra.
 
Uno puede suponer que su oposición al lucro se refiere solo a la educación, pero si se dice que el lucro se opone a calidad y que no pueden funcionar en conjunto, aunque sea respecto de la educación, subliminalmente se contamina el concepto de ganancia, utilidad o de lucro en general. Se genera una tensión al impulsar una agenda de innovación, productividad y crecimiento, basada en ganancias que generan desigualdades, y lo que se afirma al contrario para educación, salud, vivienda y previsión.
Hay que sincerar esa tensión y poner en su justa medida la importancia de ambos. No es que uno esté a favor o en contra de que haya desigualdad y ganancia. Es necesario reconocer que debe haber un adecuado balance entre ambas miradas, y decirlo de manera explícita.

- ¿Esta tensión que mencionas también se vivifica en la Reforma Tributaria, específicamente en el impuesto de un 35% a la renta de capital?
No. Lo que está haciendo la Reforma Tributaria es dar una metodología para recaudar más impuestos. Hay mejores o peores maneras para recaudar, pero no me parece que en esto esté implícito el mismo argumento.

- ¿No te parece que la Reforma Tributaria desincentive la actividad privada?
La Reforma Tributaria no tiene como objetivo que no haya actividad privada de lucro, como sí lo tiene la Reforma en Educación, porque la Reforma Tributaria necesita que haya actividad de lucro para que se generen utilidades y rentas, y se paguen –como resultado de ello– impuestos. Lo que sí ocurre, y es necesario tomarlo en cuenta, es que impuestos demasiado altos desincentivan los esfuerzos de los agentes por obtener ganancias marginales, y eso sí puede afectar la producción como un todo.

- ¿De qué manera crees que es perfectible la agenda de competitividad que presentó el Gobierno?
Es perfectible poniendo énfasis en facilitar todas aquellas regulaciones o limitaciones que tienen los agentes económicos para desarrollar con más fuerza su actividad, con más ímpetu. Creo que falta limar los "lomos de toro" que le queden al sector privado en su afán por emprender y desarrollar actividades nuevas que creen valor y riqueza, ese es el lado que está débil en esta agenda.

- ¿Eso específicamente en qué se traduce?
No hay ninguna medida que vaya a cambiar el mundo de manera radical. Todas las políticas que sirven son acciones que se implementan por muchos años. Si se persiste en ellas, van dando los resultados que uno aspira. Continuar con facilitar la creación de empresas y el emprendimiento, seguir perfeccionando la ley de quiebras, persistir en incentivar la investigación y desarrollo son algunas de ellas.
El sistema nacional de innovación, este ecosistema que se ha construido, ha ido avanzando persistentemente a través del tiempo, y puede avanzar más rápido o más lento, y uno quiere que avance más rápido, y que el avance de los distintos factores sea armónico.

Creo, por ejemplo, que el impulso de la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento es fundamental. Hay que entender que estos cuatro ámbitos tienen que articularse de manera coherente, armónica y permanente. Son el pilar que sostiene el aumento de productividad y el crecimiento, si se combinan de manera apropiada.
 
- ¿No te parece que este Gobierno ha dejado un poco de lado la ciencia y tecnología, considerando que el presidente Piñera presentó un proyecto de Ministerio de Ciencia y Tecnología, que quedó en stand by con la llegada del nuevo Gobierno?
Efectivamente, no se ha hablado mucho de ciencia y tecnología, pero no podemos decir que están dichas todas las cosas por parte del Gobierno. Si uno quiere ser equilibrado, tiene que esperar que el Gobierno muestre hacia dónde quiere avanzar. Evidentemente, hubo una propuesta interesante en el Gobierno pasado, impulsada por la Comisión Asesora en Ciencia, Tecnología e Innovación, liderada por Bruno Philippi, que hizo propuestas sobre institucionalización en materia de ciencia, tecnología e innovación y capital humano avanzado, que ligaban en un mismo ministerio todas esas actividades, que forman parte del mismo encadenamiento productivo.
Además, esa propuesta tenía la gracia de que separaba los ámbitos de diseño estratégico, de implementación de política y de fiscalización o supervisión pero, al parecer, no ha sido recogida. Yo entiendo que hoy día, dividir el Ministerio de Educación en dos –una fracción de Educación Superior, que formaría parte del nuevo Ministerio y, la otra parte, de Educación Media, Básica y Prebásica– suena complicado porque hay un esfuerzo de Reforma Educacional que parecería disociado si se sigue esa propuesta. Entiendo ese problema. A pesar de eso, creo que hubiese sido mejor haber recogido esa propuesta. Por ejemplo, hoy el Ministerio de Educación está a cargo de CONICYT, pero los ministros de Educación no tienen tiempo para pensar en CONICYT.
 
- ¿Qué te parece esta vuelta a la política de clústers, dio resultado anteriormente?
Yo creo que hay que distinguir entre lo que uno llama clústers y una política de direccionamiento de los esfuerzos de financiamiento. Los clústers son actividades de cierta relevancia en el país, que generan en torno a ellas una serie de otras industrias y actividades que se retroalimentan entre sí, que producen una cierta sinergia que va aumentando la creación de riqueza y de valor. El Gobierno anterior no estaba en contra la política de clústers, la diferencia está en el grado de selectividad con que se asignan los recursos a esos clústers en relación a otros sectores no clústers. Ahí está la discusión, porque obviamente siempre hay clústers.
Cuando uno habla en términos prácticos, no hace mucha diferencia ser neutral entre distintos sectores, como lo intentó el Gobierno pasado, o ser más selectivo, como propone este Gobierno. Entre esas dos posturas, el resultado final no es demasiado distinto, porque si hay neutralidad, y lo vimos en el Gobierno pasado, igual muchos proyectos van a ir hacia los clústers, porque ahí está la mayor parte de la actividad, similar a cuando hay un grado razonable de selectividad. Por eso, no me parece importante quedarse atrapado en esa discusión teórica.
 
El problema es que cuando uno define antes cuáles son los sectores que le parecen mejores, a veces se equivoca. Por ejemplo, como decía el exministro Juan Andrés Fontaine, las dos grandes innovaciones que todo el mundo presenta como muy interesantes –la de Fernando Fischmann, Crystal Lagoons, o los disipadores de energía utilizados en los terremotos de Juan Carlos de la Llera–, no están en ningún clúster y son resultado de la libre iniciativa de los individuos sin que se haya dirigido necesariamente dinero de manera selectiva en esa dirección. Lo más importante es que haya recursos para que exista investigación, aplicaciones, prototipamiento, esfuerzos de innovación empresarial. En la medida en que exista esto, no es muy importante la discusión filosófica sobre los clústers.
 
- ¿Cuál es tu diagnóstico de las falencias del ecosistema de la innovación en Chile?
Bueno, el sistema de innovación se ha ido perfeccionando, se ha ido sofisticando, está mucho más poblado, hay muchos más actores y eso ha sido positivo en general. Hay más universidades que hacen investigación, hay mejor calidad de las investigaciones chilenas, las universidades chilenas tienen mejor reconocimiento, el ranking reciente de QS así lo demuestra. En general, vamos avanzando en una buena dirección.
El capital de riesgo aún es insuficiente, es difícil tener buen capital de riesgo cuando no hay una gran cantidad de proyectos que estén llegando, se necesita más masa crítica en un mercado quizás más grande.
 
Los capitales de riesgo normalmente no llegan a los proyectos que están en fase inicial o muy inicial. Ahí hay una falencia. Otra es que es necesario que los emprendimientos puedan enfrentarse a mercados más grandes. En ese sentido, resulta muy interesante la propuesta de la Alianza del Pacífico, ya que amplía el mercado como una de sus metas fundamentales, a través del libre tránsito de bienes, personas, servicios y recursos financieros como su aspiración de mediano plazo.
Otro problema es que aún existen fallas, asimetrías de mercado, asimetrías de acceso. No todos los agentes pueden llegar a todos los otros agentes de manera fácil, hay costos de transacción importantes entre ellos por asimetrías de información o por confianza. Es necesario lubricar todavía el sistema un poco más, y esa fue la labor que pretendimos hacer en Fundación Chile en el período anterior, ser un agente que promueva el contacto, la articulación, la orquestación de estos agentes en nuevos proyectos que incorporen innovación y tecnología.
 
Finalmente, se debe seguir potenciando el esfuerzo en ciencia, tecnología e innovación, destinando fondos a ellos de manera más robusta y con más convicción de lo que se ha estado haciendo. No significa multiplicar los fondos automáticamente, hay que hacerlo de acuerdo a las capacidades de investigación, con los científicos e investigadores que el país tiene, de manera combinada e inteligente. Eso se hizo en los primeros 3 años del Gobierno de Piñera y no tanto en el último.
También me parece que este esfuerzo que se ha hecho con los centros basales de distintos tipos y los centros de excelencia traídos de afuera, es una iniciativa muy importante. Uno puede discutir la forma específica en que se hicieron esos contratos, si se pueden mejorar o no, y es posible que se puedan mejorar, pero el interactuar con las mejores capacidades y prácticas mundiales es, claramente, algo deseable.
 
- ¿En qué sentido se pueden mejorar?
Por ejemplo, ¿cuál es el aporte que se les exige a los fondos que vienen de afuera? , ¿qué es lo que tienen que dejar o no dejar en el país?, ¿son dueños de la propiedad intelectual o no?, o ¿qué parte de la propiedad intelectual de lo que hacen? En fin, uno puede ir perfeccionando eso, pero obviamente, tener centros de excelencia extranjeros que estén en Chile, conectados con universidades chilenas, trayendo sus mejores prácticas, eleva el nivel de nuestro ecosistema de innovación nacional.
 
- ¿Es necesario un cambio de mentalidad de parte de las empresas privadas también?
Ese cambio está ocurriendo. Es cierto que todavía no se ocupan mucho los mecanismos de incentivo existente. La ley I+D en su nueva versión está recién empezando a recorrer su camino y eso aún no se desarrolla con la fuerza con que uno querría verla.
Esto también tiene relación con los institutos de investigación de las universidades, que tienen que dar los pasos necesarios para adaptarse a hacer investigación que le sirva a las empresas, no solamente la investigación que les interesa a ellos.
 
Las universidades también tienen que encontrar canales para que los grupos de investigadores a los que les gusta esa línea la puedan desarrollar, en innovación, patentamiento o trabajo con empresas. Yo creo que ha faltado una vinculación mucho más estrecha entre el sistema universitario y el sector privado. Pero yo veo que ambos están cada día más claros en que deben juntarse, o sea, las vallas intelectuales –por así decirlo– se han ido derribando. Ahora hay que construir las herramientas e instrumentos reales para desarrollarlo.
- Se habla mucho de "Estado", "universidad", "privados", etc., pero ¿dónde están las personas? ¿Cómo los ciudadanos se van a poder beneficiar de todos estos impulsos y de qué manera?
Las sociedades humanas son comunidades en las que todos deben participar para prosperar haciendo lo que les parezca razonable hacer. No es que los ciudadanos sean receptores pasivos de los beneficios que algún otro está produciendo y que les van a llegar en algún momento, esto es una actividad colectiva.
Cuando uno aleja el foco y mira a la sociedad desde más lejos, lo que observa es una gran interacción de personas que están haciendo una variedad de cosas impulsadas por distintas motivaciones: algunos para que les vaya bien a ellos o a otros; otros, para desarrollar sus intereses específicos; otros, para desarrollar sus talentos.
Esa gran colaboración en medio de la competencia, que caracteriza a una sociedad moderna, es la que finalmente genera beneficios para todos. Las sociedades tienen que intentar eliminar las posibles barreras para la movilidad social, para que todos los actores sientan que pueden surgir si se lo proponen, ayudados –por supuesto– por sus habilidades y talentos, de modo que no se sientan constreñidos a quedarse en un solo estrato social.

Si uno logra generar condiciones para la movilidad social, entonces, los ciudadanos –si lo intentan– van a beneficiarse. Obviamente que se producirán desigualdades, porque hay talentos y disposiciones a tomar riesgos distintos.
En ese escenario, el ciudadano común no es un actor pasivo al que le llegan las cosas, sino que es un actor activo del sistema. De hecho, si uno mira la sociedad chilena en el 2014 y piensa en lo que ocurría hace 30 años atrás, no hay ninguna duda de que el ciudadano común ha mejorado una enormidad. No hay punto de comparación; de una generación a otra el cambio ha sido radical.
- ¿Es la educación el camino para instalarse en la sociedad del conocimiento?
No hay ninguna duda de eso. Sin embargo, cuando el acento se pone en determinar la forma de organizar la propiedad de la educación y no en cuáles son los condicionantes que hacen que ella se otorgue de buena manera, entonces, no estamos...
lm1
 
 
Regresar arriba
Info for bonus Review William Hill here.

pefc

La revista Innovación & Mercado se imprime en papel con cerfiticación internacional PEFC que proviene de bosques sustentables.