Financiamiento en etapas tempranas, un desafío pendiente

Aunque en los últimos años se ha avanzado en facilitar instrumentos que permitan a los emprendedores obtener recursos para financiar sus ideas de negocios, la oferta disponible tanto pública como privada, no alcanza a satisfacer la demanda existente. Es este último sector el que tendría la mayor deuda en este ámbito.
Según cifras de la Asech, el 68% de los emprendedores financia sus ideas de negocio con recursos propios o aportes de familiares y amigos. Otro 11% recurre a fondos públicos, mientras un 10% a créditos, leasing o factoring bancarios. Sólo un 3,7% obtiene recursos de parte de capitales de riesgo o inversionistas ángeles y apenas un 1,4% de concursos privados y plataformas de emprendimiento.
Obtener financiamiento en etapas tempranas, sigue siendo una de las grandes trabas que tienen hoy quienes desean iniciar sus propias empresas y uno de los principales motivos por los que muchos emprendimientos no crecen ni se desarrollan.
Las razones: los emprendedores no cuentan con la capacidad suficiente para endeudarse en el sistema financiero, la industria de capital de riesgo es aún incipiente y reacia a financiar proyectos que no hayan tenido algún resultado y -aunque en los últimos años ha habido avances en la materia- los fondos públicos disponibles no son suficientes para cubrir la demanda por concretar nuevas ideas.
"En general, las empresas nuevas no tienen la capacidad para endeudarse en el sistema financiero y la industria de capital de riesgo es muy incipiente por lo que tampoco resuelve este problema. Todo esto se complica aún más ya que en etapas tempranas los emprendimientos pasan por el conocido valle de la muerte, donde los ingresos aún no pagan los gastos, y además se requieren una serie de inversiones para la puesta en marcha del negocio", explica Alan Farcas, director de Innovación y Emprendimiento de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI).
Añade que, en el caso de obtener recursos de la banca, la mayoría de los emprendimientos no pasa los filtros de las evaluaciones de riesgo de estas instituciones, enfocadas más bien en otorgar créditos a empresas consolidadas.
En ese sentido, el experto destaca que en países desarrollados estas organizaciones han levantado capitales de riesgo dispuestos a asumir ese desafío, pero contra un porcentaje de las empresas que están financiando, convirtiéndose en socios de los emprendedores. "La lógica de portafolio de los capitales de riesgo pretende que unos pocos grandes éxitos sean suficientemente potentes como para cubrir la inversión en la cartera completa de empresas", detalla.
En la misma línea, Rodrigo Andrade, director ejecutivo de Mipymeinnova, sostiene que el acceso a préstamos bancarios es "imposible, a menos que ya tengas condiciones que obviamente no se adquieren antes del quinto año de negocios. Los bancos te prestan dinero cuando ya no lo necesitas". Por ello, estas entidades debieran tener disponibles capitales de riesgo que, aunque sean más costosos de reponer, "permitan a los emprendedores y pequeñas y medianas empresas acceder a los recursos necesarios. Hay que pagar el costo, pero los bancos deben ser parte de ese circuito", dice.
Cristián López, director ejecutivo de la Asech, comenta que es la escasa industria de capital de riesgo en las primeras instancias, la que motiva a algunos emprendedores a recurrir a la banca solicitando créditos con altas tasas de interés que no son factibles para partir un negocio. "La banca está prestando dinero a los emprendedores, pero a tasas altísimas y ésta no es la mejor opción para un emprendedor. Hay muchos que incluso se endeudan con tarjetas de crédito bancarias o de casas comerciales o con créditos de las cajas de compensación, y eso es una mala idea", afirma.
De acuerdo al especialista, la banca no debiese ser un actor para financiar ideas de negocio en un primer inicio y menos a las tasas que ofrecen. "Por ello, lo que debe mejorar es el capital de riesgo en esas etapas. La banca no cumple el rol de capital de riesgo y eso hay que entenderlo: la banca es un préstamo y siempre será así", expresa.
Andrade, por su parte, recalca que si bien la entrega de financiamiento a emprendedores en etapas iniciales es muy importante, no es fundamental para que una idea pueda convertirse en un buen negocio. "Cualquier buena idea o proyecto bien vendido y promovido puede llegar a ser un buen negocio captando recursos nacionales e internacionales, como los que entregan inversionistas ángeles. Ningún buen proyecto se queda sin financiamiento, sólo hay que ser capaz de salir a venderlo en el lugar correcto de la manera correcta", asegura.
Emprendedores de alto impacto
Para Alan Farcas una de las causas del escaso financiamiento que existe en Chile para emprendimientos iniciales es la falta de negocios de alto impacto, que generen empleos de calidad y tengan fuertes ventajas competitivas. "En términos generales el ecosistema de emprendimiento chileno es la envidia de muchos en otras latitudes porque tiene casi todas las piezas que uno podría pedirle a un sistema ideal que cada vez se sofistica más. El problema de base es que nos faltan emprendedores de alto impacto y una cultura pro innovación. Aunque hay iniciativas en esta dirección, aún son bastante acotadas como para ser relevantes", manifiesta.
En ese sentido, José Miguel Musalem, miembro del Comité de Inversiones del Fondo de Capital de Riesgo Aurus Bios y consejero Endeavor desde 2006, comenta que este instrumento está disponible para respaldar modelos de negocios escalables y que sus inversionistas están conscientes de que si éstos fracasan, perderán los aportes realizados. "Cuando se decide apoyar a alguien es por los méritos que tiene, sabiendo que se puede perder todo el dinero", dice el ejecutivo del fondo enfocado en llevar a un nivel más avanzado su cartera de empresas especializadas en biotecnología, farmacia, tecnología médica y biotecnología industrial.
El problema de fondo con el financiamiento local en etapas tempranas, recalca Musalem, es la aversión al riesgo que tienen los inversionistas chilenos y que les impide destinar un porcentaje considerable de su portafolio a respaldar nuevos emprendimientos, como ocurre en países desarrollados, en donde la mayoría de ellos invierte entre el 5% y 20% de sus recursos en este propósito. Estos inversionistas, explica el ejecutivo, destinan fondos a varios proyectos, esperando que funcione un par de ellos y los otros fracasen. De esta forma, el negocio se rentabiliza. "Es una cuestión cultural. Cuando le dices a un inversionista que tiene la posibilidad de multiplicar su plata o perderla toda, lo piensa. Pero también hay un elemento real y decisivo y es que en Chile no hay suficientes historias de éxito bien difundidas como pasa en EE.UU., en donde los emprendimientos están bien documentados", detalla.
En conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo, Aurus Bios está creando un fondo destinado a hacer difusión de los emprendimientos exitosos en América Latina, que son los que finalmente motivarán a otros a invertir, afirma Musalem.
El rol del Estado
La intervención del Estado es clave para revertir las fallas que actualmente presenta el sistema, por ser el encargado de evaluar positivamente el impacto del desarrollo de nuevas empresas, tanto en la creación de empleos de calidad como en la generación de ingresos fiscales, así como otras externalidades positivas, dice Alan Farcas. "Las intervenciones del Estado son muy variadas y vienen en todos los colores y sabores dependiendo de la corriente filosófica de los gobernantes, pero en general apoyan toda la cadena de valor en la creación de empresas dinámicas", comenta.
A juicio del experto, los últimos gobiernos, a través de Corfo, han ido incrementando el apoyo al emprendimiento, con financiamiento semilla, apalancamiento de fondos de capital de riesgo, importación de emprendedores a través de Start Up Chile, subsidios a las incubadoras y redes de ángeles, sociedades de garantía recíproca, garantías a préstamos a las PyMEs, entre otras. Estas iniciativas han tenido por lógica mitigar los problemas de financiamiento de empresas en etapas tempranas, especialmente las de alto impacto, dado que son las que más externalidades positivas generan en la sociedad.
Farcas cree que la cantidad de fondos, tanto públicos como privados, que hoy están disponibles para financiar ideas de negocios en el país, son suficientes para cubrir los requerimientos de cada etapa emprendedora. Según señala, cada instrumento de financiamiento tiene un funcionamiento independiente y muchas veces cada operador tiene un desempeño distinto al de sus pares. No obstante, las mayores falencias se siguen dando en los fondos de capital de riesgo para etapas iniciales. "Lograr que haya recursos financieros en la cantidad y calidad requerida por los emprendedores es fundamental para que las empresas puedan crecer al ritmo deseado. Si el capital es escaso y complejo de lograr, los emprendedores perderán mucho tiempo y quizá tendrán que ceder demasiado porcentaje de sus proyectos para lograr recursos", comenta Farcas.
"Según el World Economic Forum (WEF) y Endeavor, el 40% de los nuevos puestos de trabajo en países desarrollados lo crean empresas nuevas. Si no se permite la creación de estas empresas por falta de acceso a financiamiento, estaremos afectando fuertemente el potencial de desarrollo e impidiendo una gran oportunidad de equidad a través de emprendimientos que premian la meritocracia, la iniciativa y el esfuerzo del equipo fundador", agrega.
Rodrigo Andrade, por su parte, cree que los recursos actualmente disponibles para estos emprendimientos, "son buenos, pero insuficientes y deben tender a no generar dependencia hacia quienes emprenden". Por ello, manifiesta que la idea en este camino es evitar sobreendeudarse.
Para Cristián López, aunque el impulso que el Estado pueda darle a la actividad emprendedora es necesario, lo primordial es que sea el sector privado el que se comprometa a financiar más emprendimientos y salde su deuda con este sector.
"En los últimos años hemos visto un crecimiento en el número de emprendedores, pero esa tasa no está creciendo a la par con la cantidad de inversión que se necesita. De a poco han ido apareciendo más redes de inversionistas ángeles, venture capital y capital de riesgo, pero todavía falta que el sector privado se haga más responsable y asuma la deuda que tiene con el emprendimiento", concluye.
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