Valle del Itata: el pedregoso camino hacia el Vino Premium

Valle del Itata: el pedregoso camino hacia el Vino Premium
Tras un exitoso 2012 y 2013 en que Chile marcó records de producción que lo llevaron a ocupar, respectivamente, el quinto y cuarto lugar como exportador de vino en el mundo, sin ser superado por ningún país de la región, las primeras estimaciones de la Organización Internacional de Viñas y Vino sobre el comportamiento del mercado en 2014 afirman que Chile estaría cediendo el primer puesto regional a Argentina, quien ocuparía la quinta ubicación a nivel mundial para relegar a Chile al octavo.
Ya se anticipaba a inicios de 2014 que la producción caería hasta un 20% debido a las heladas y sequías que afectaron a las regiones de Coquimbo y Biobío durante septiembre de 2013. Pese al retroceso en la producción del año pasado, que disminuiría en un 22% respecto al año anterior hasta los 10 millones de hectolitros, las cuentas que saca Vinos de Chile aún son alegres: Chile seguiría encabezando envíos de vino del nuevo mundo y su precio sería más competitivo frente al de Argentina y Australia, sus contendientes más cercanos y con ello, parece estar acercándose al objetivo que se planteó la entidad hace unos años, la de convertir al país en el principal productor de vinos premium del nuevo mundo para el año 2020.
 
Así lo demuestra cifras publicadas por Vinos de Chile en su página web: nuestro país se comienza a perfilar cada vez más como un exportador de vinos finos (de más de US$ 30 por caja), cuyos envíos han crecido en un 50% desde 2009 en desmedro de la exportación de vinos más económicos o a granel, la cual ha descendido un 39% los últimos cinco años.

¿Cómo contribuye la Región del Bíobío a este escenario? Según cifras del SAG, la región del Valle deI Itata es dueña de apenas un 3,8% de las bodegas a nivel nacional, pero cuenta con una tradición que data del siglo XVI y que sobrevive, pese a las inclemencias. La octava región ha mostrado en los últimos años un sostenido aumento de sus exportaciones, según cifras de ProChile, alcanzando US$1,7 millones en envíos durante 2012, US$7,5 millones al año siguiente y US$3 millones el primer semestre de 2014.

Frente a la realidad nacional, cuyas exportaciones alcanzaron US$ 1.879 millones el 2013, los números del Biobío parecen insignificantes. Sin embargo, lejos de sentirse intimidados por las enormes números que los separan de las grandes bodegas, una horda de viñateros ha decidido tomar ventaja de las diferencias que presenta la zona, recuperar las viejas parras de cinsault y país, tradicionales de la región, y elaborar vinos a pequeña escala, que han llamado la atención de críticos y periodistas nacionales y extranjeros por su calidad, carácter y personalidad.

El Valle del Itata: la bonita que se cree fea
Leonardo Erazo, ingeniero agrónomo y enólogo santiaguino, entra y sale de Chile los últimos 13 años. Recién egresado de la Universidad de Chile se dedicó a recorrer el mundo y trabajar en viñas de Australia, Nueva Zelanda, Francia y Sudáfrica, donde también realizó un postgrado en terroir, disciplina que estudia la influencia del suelo en las características de un vino. Su maestría le permitió reconocer inmediatamente cualidades en la zona y elegir el Valle del Itata para iniciar su proyecto más personal: Rogue Vine.

El actual director técnico de viña Alto Las Hormigas en Mendoza, viaja a Concepción desde hace cuatro años para producir Grand Itata, un vino fabricado con uvas que compra a pequeños viñateros de Guarilihue, Cerro Verde, Rahuil, Ñipas y Batuco, en el Valle del Itata. Enamorado de la zona, de las viñas viejas -algunas superan los cien años-, de la tradición de los viñateros, el conocimiento que tienen de su oficio, carente de intervenciones, que le permite obtener a la viña un balance propio. Detalles que, dice, se reflejan en el producto final. Por otro lado, un clima lluvioso que otorga humedad suficiente a las viñas para prescindir de riego y la presencia de rocas de granito en el suelo de la zona que dotan del “carácter mineral” al vino, cualidades imprescindibles a la hora de lograr un vino de alta gama.

Tras su cuarta cosecha, ya puede sentirse satisfecho con los resultados obtenidos. Las buenas críticas del respetado crítico inglés Tim Atkin, quien catalogó su cosecha 2013 Los Amigos Grand Itata como “uno de los tintos chilenos más emocionantes que había probado en años”, le abrieron las puertas de ese país. Hasta ahora produce aproximadamente siete mil botellas y dice estar apuntando a abrir nuevos mercados en el extranjero, porque le parece que en Chile la zona del Itata está poco valorizada por el público y también por las grandes bodegas. Para muestra, un botón: “el precio más barato de la uva se paga siempre en Biobío y en Itata”.

El lado francés del Itata
Pese a que la cepa blanca más plantada en la octava región es la Moscatel de Alejandría, según el catastro del Servicio Agrícola y Ganadero del 2008, también existen más de trescientas hectáreas de la cepa francesa Chardonnay.

Tal es el caso de Enzo Pandolfi – Price, quien por casi por casualidad terminó elaborando un vino que ha alcanzado varias medallas en Chile y el extranjero. Tras la adquisición de un terreno en Chillán Viejo con varias hectáreas de chardonnay plantadas, pero sin la intención de vinificarlas, termina vendiendo la uva a las bodegas del norte durante cinco años. Ante la buena recepción del producto, Enzo decide probar por sí mismo la calidad de la uva y realiza su primera producción el 2007, junto al enólogo François Massoc para una asesoría. El resultado de la cosecha confirmaría su buena corazonada: se encontraban frente a un terroir muy especial. “Nuestro vino ha destacado justamente porque ha roto la tendencia del chardonnay chileno, que hasta pocos años atrás era encontrado un vino aburrido, corriente, con mucha madera y poca tipicidad, señala Pandolfi Price.

¿Resultado? Su vino Los Patricios Chardonnay 2010 gana el premio “Regional Trophy” otorgado en Londres por el concurso “Decanter World Wine Awards 2014”, una de las competencias de vinos más grande e importante del mundo. La misma cosecha sería destacada por la Guía Descorchados.
Decidido a profesionalizar, optimizar al máximo su trabajo, dice estar innovando en la zona al practicar el concepto de “agricultura de precisión”. Junto a Pedro Parra, experto internacional y doctor en terroir, comenzó hace unos meses un proyecto de plantación de nuevas cepas, entre las que se encuentran pinot noir, syrah, sauvignon blanc, para lo cual estudiaron los tipos de suelo existentes, eligiendo finalmente cuáles eran los mejores sectores para plantar cada cepa.

CHILE, MÁS QUE CABERNET Y CHARDONNAY
Hasta hace unos años, las cepas tintas país y cinsault, introducidas en la zona del Bíobío en el siglo XVI, se usaban en gran medida para endulzar el vino a granel de las grandes bodegas, sin embargo hoy, viñas como Concha y Toro, De Martino, San Pedro y Viu Manent las han comenzado a vinificar para adornar su portafolio e imitar, por qué no, el éxito que las viñas más pequeñas han logrado.

Juan Ignacio Acuña, de Viña Zaranda, se siente responsable de haber dado movimiento a un ambiente que “estaba bastante muerto”. Su viñedo, ubicado en Guarilihue, a 23 kilómetros en línea recta frente a Dichato, recibió favorables comentarios con una primera cosecha de apenas 1800 botellas de Moscatel de Alejandría y Cinsault, el 2011. La Guía Descorchados, del enólogo Patricio Tapia, lo consideraría una de las revelaciones del año y la Revista del Campo junto a la revista Wikén le otorgaron el premio Innovación en el Vino. Por otro lado, la prensa extranjera lo ha considerado novedoso y atípico sobre lo que hacía Chile dos años atrás, lo cual ayuda a visibilizar al Valle del Itata en el extranjero pues, agrega Acuña, “el Chile vitivinícola no termina en Talca, sino que para el sur hay un tremendo potencial. Chile no es solo cabernet sauvignon y chardonnay”.

Nada mal para quien se calificara como “viticultor por accidente”, debido a su poca experiencia en el rubro. Chef de profesión, su familia jamás se dedicó a la viticultura y fue su amistad con el enólogo François Massoc la que lo llevó finalmente experimentar con las viñas que tenía abandonadas hacía más de una década en el campo de su familia.
 
El pequeño volumen de producción es uno de los problemas con los que deben lidiar los pequeños productores al momento de exportar y de vender a un “precio razonable” en el país, señala Acuña. A eso se suma la inexistencia de “una cultura del vino” en el país, dice Erazo, lo que se refleja en el bajo consumo del brebaje entre los chilenos. El país ostenta el segundo consumo más bajo de los países de la OCDE con 13 litros per cápita, mientras países como Luxemburgo o Francia alcanzan un consumo promedio de 51 o 48 litros, respectivamente.
Este desinterés, plantea Acuña, se verá incentivado con el alza al impuesto a los alcoholes de un 15 a un 20,5%. Medidas como esta harán peligrar proyectos pequeños como el suyo, debido al elevado costo de elaboración del vino: “es difícil mantenerse cuando hay mucha competencia, sobre todo cuando las viñas grandes han entrado muy fuerte con las mismas cepas”.

Ambos viñateros concuerdan que Chile debiera aplicar protecciones al vino tal como hizo Argentina al declararlo “bebida nacional” el 2010 y liberarlo del estatus que tienen las otras bebidas alcohólicas. Así lo planteó también Vinos de Chile, en un comunicado de prensa donde se enfatizan los innumerables beneficios que aporta el vino a la salud y a la economía nacional, y el grave perjuicio que el impuesto al vino ocasionará en el empleo regional, donde se localiza el 85% de mano de obra de la industria. 

 
 
 
 
 
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