Golpe a la Ciencia: Derrumbe del proyecto del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación

Por Soledad Quiroz y Pablo Astudillo, Fundación más Ciencia / Ilustración: Julio del Río Por Soledad Quiroz y Pablo Astudillo, Fundación más Ciencia / Ilustración: Julio del Río
Se habla desde hace varios años sobre la necesidad de que Chile diversifique su actividad económica y reduzca su dependencia de la exportación de materias primas para alcanzar el desarrollo. La presidenta Michelle Bachelet también manifestaba esta preocupación, cuando presentó a su comité asesor en materias de ciencia, tecnología e innovación durante la campaña presidencial: "Sin un impulso decidido en ciencia, tecnología e innovación, unido a una reforma en educación, nunca dejaremos de ser un país que vive de sus materias primas, especialmente de la minería del cobre".
Países como Finlandia, Japón y Estados Unidos tomaron la ruta hacia la llamada "economía del conocimiento" con la decisión estratégica de poner a la investigación científica como prioridad del Estado. Chile, por su parte, permanece rezagado en este aspecto.
Afinales del año 2010, iniciamos la campaña Más Ciencia para Chile con el fin de promover el debate respecto a la necesidad de una nueva institucionalidad pública para la investigación científica en el país, sobre la base de conclusiones y recomendaciones de organismos nacionales e internacionales que señalaban graves falencias en la coordinación e implementación de las políticas para ciencia, tecnología e innovación. Desde aquel entonces, han transcurrido más de tres años y el tema ha cobrado mayor relevancia pública, abriendo el debate a propuestas para mejorar las capacidades de Chile en materia de ciencia e innovación.
 
Si bien el Gobierno anterior intentó en algún momento avanzar en una solución a las deficiencias diagnosticadas en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI), lo hizo con una controversial propuesta: trasladar la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) al Ministerio de Economía. La idea enfrentó el rechazo de miles de científicos y diversas organizaciones, escenario ante el cual el Gobierno, escuchando a la comunidad académica y científica, optó por conformar una Comisión Asesora Presidencial (presidida por Bruno Philippi, por lo que fue bautizada como "Comisión Philippi"), compuesta por representantes de diversos sectores políticos y técnicos.
 
El resultado, entregado en abril de 2013, fue un informe que detallaba el actual diagnóstico del SNCTI, reiterando en gran medida una serie de deficiencias detectadas en los últimos diez años, entre las que se encuentran problemas de coordinación institucional, falta de relevancia política y pública del tema (lo que explica en parte la escasa inversión pública en I+D), problemas de continuidad de estrategia a mediano y largo plazo (referida usualmente como "inconsistencia dinámica"), falencias en el gobierno corporativo de las agencias pertinentes y la falta de un ente responsable al más alto nivel que se encargue de coordinar e implementar una agenda nacional de CTI y que cuente con responsabilidad política (basta mencionar que habían transcurrido ya varios episodios polémicos, especialmente en CONICYT, que motivaron protestas de la comunidad científica los años 2007 y 2010).

Encuesta Nacional de Gasto y Personal en I+D reveló que la inversión en I+D no ha superado en realidad el 0,35% en el último período, lo que nos deja al final de la lista a nivel OECD

 
La Comisión Philippi decidió proponer la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación Superior. De paso, la propuesta de la comisión daba un portazo a la figura del "comité interministerial" para actuar como ente responsable de la implementación de la agenda de CTI, figura en la cual se insistía desde el primer gobierno de Michelle Bachelet y que ha sido criticada en años recientes.
Aunque la inclusión de Educación Superior en la propuesta se explicaba públicamente por la necesidad de mantener una articulación entre formación de capital humano, ciencia e innovación, se fundamentaba también en la necesidad de no crear un ministerio que manejara un presupuesto reducido, dando a entender que no debía esperarse un incremento importante en la inversión en I+D en un futuro cercano. Por otro lado, suponía un duro obstáculo para el Gobierno: lograr la aceptación de incorporar la Educación Superior en dicho ministerio, ya que el tema educacional cuenta con peso propio. Tal vez esto explica el que se hiciera una presentación "a última hora" del proyecto de ley, debido a la necesidad de socializar la propuesta de la comisión con diversos actores, aunque no se puede excluir tampoco la resistencia de ciertos sectores a la presentación del proyecto.
No obstante, nadie en el mundo académico y científico sospechaba el duro golpe que el actual Gobierno le daría a la ciencia nacional.
 
 
GOLPE A LA CIENCIA
Durante la campaña presidencial de 2013, fueron varios los candidatos que incluyeron propuestas para la ciencia nacional. Michelle Bachelet no fue la excepción, y en las mismas semanas en que la Comisión Philippi entregaba sus propuestas, la entonces precandidata anunciaba la conformación de un comité asesor en materias de ciencia, tecnología e innovación. Algunos de sus miembros ya habían participado de la Comisión Philippi y todo hacía pensar que, al menos en materia de institucionalidad pública, la propuesta del comité asesor de Michelle Bachelet estaría en línea con lo propuesto por la comisión creada por el gobierno de Sebastián Piñera. Y, en efecto, así fue: el comité recomendó la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, e incluso se habló de nombrar un delegado presidencial que trabajaría en la creación de dicho ministerio. Cabe recordar que diversos miembros de la comunidad científica, incluyendo a un representante de nuestra fundación, participaron del comité asesor de Michelle Bachelet, por lo que la idea de proponer la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en el programa de gobierno era en ese entonces un "secreto a voces". Más aún, una reciente nota publicada en un medio de prensa nacional reportó que el presidente de la Academia Chilena de Ciencias le "recordó" a la actual presidenta su propuesta de crear dicho ministerio.
 
Es por ello que causó decepción que el programa de gobierno de Michelle Bachelet no solo no mencionara la creación de un Ministerio de CTI, sino que en su lugar decidiera proponer la creación de una Subsecretaría de CTI al interior del Ministerio de Economía, medida similar a la propuesta por el gobierno de Sebastián Piñera, rechazada contundentemente por la comunidad científica, como varios medios de prensa informaron en aquel entonces.
 
Lo sucedido después es conocido. El proyecto que creaba el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación Superior, el cual fue enviado sin el informe financiero que permitía su tramitación, fue "congelado" por el actual Gobierno. La medida causó indignación, e incluso la prestigiosa revista científica británica Nature abordó la polémica, dedicando un reportaje al tema en su edición del pasado 27 de marzo.
El mensaje presidencial del 21 de mayo tampoco trajo novedades para la comunidad científica, en momentos en que la situación de la ciencia en el país es de completo estancamiento. Por ejemplo, la última Encuesta Nacional de Gasto y Personal en I+D reveló que la inversión en I+D no ha superado en realidad el 0,35% en el último período, lo que nos deja al final de la lista a nivel OECD (en donde el promedio de inversión en I+D es de 2,3% del PIB), e incluso nos comienza a dejar a mitad de la tabla a nivel regional: mientras Brasil y Argentina invierten el 1,1% y el 0,7% del PIB en I+D, respectivamente, algunos países como Uruguay y Ecuador se estarían acercando a Chile (según informaciones de prensa, ambos países alcanzarían hoy una inversión en I+D entre el 0,35% y el 0,4% del PIB, aunque existen dudas respecto a si dichos países utilizan la metodología OECD para medir su inversión en I+D).
Tampoco existe claridad sobre qué ocurrirá con los miles de becarios tanto de Becas Chile como de postgrados nacionales. A modo de ejemplo, más de 8.000 becas fueron adjudicadas (sumando postgrado nacional e internacional) entre el año 2008 y el 2012 (de acuerdo a datos del último Compendio Estadístico de CONICYT). Sin embargo, en el mismo período se han adjudicado menos de 200 concursos que permiten la inserción de científicos, tanto en la academia como en el sector productivo.
 
En materia de innovación y competitividad, Chile viene cayendo en prácticamente todos los índices internacionales relevantes desde el año 2010. En el caso de los índices de competitividad, uno de los aspectos principales en los que el país siempre presenta un desempeño deficiente es precisamente en ciencia e innovación (como ya se detalló en un número anterior de Innovación y Mercado).
 
LA CIENCIA: ¿eEN ECONOMÍA O A SOLAS?
Desde hace algunos años, varios economistas locales han impulsado la idea de que concentrar las agencias de fomento científico en el Ministerio de Economía ayudaría a promover una ciencia más ligada a "las necesidades del sector productivo", y que bastaría con una subsecretaría dentro de dicho ministerio para reducir algunos de los problemas de coordinación y de política pública diagnosticados en el sistema nacional de CTI.
Existen evidentes debilidades en esta propuesta. Una de las que más podría llamar la atención del propio sector productivo, es que dicha tesis descansa fuertemente en un obsoleto "modelo lineal" por el cual se asume que, concentrando los (escasos) recursos en investigación aplicada, dicha investigación debiese transformarse en nuevas innovaciones y tecnologías que posteriormente puedan emplearse en el sector productivo. Bajo esta premisa, Chile debiese entonces aprovechar las ventajas "competitivas" en áreas como las industrias acuícola, minera, del vino y de ciertos alimentos (por mencionar solo algunas) y concentrar la investigación en dichas áreas, algo que algunos llaman "investigación orientada por misión". Es decir, se busca que la ciencia esté radicada en el Ministerio de Economía para alinear la estrategia científica con la estrategia de...
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