¿I+D? El problema de la transferencia Científica en Chile

Por Marta Apablaza / Ilustración: Hernán Kirsten. Por Marta Apablaza / Ilustración: Hernán Kirsten.
La producción científica en nuestro país por parte de científicos e investigadores ha aumentado considerablemente en los últimos veinte años. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, muchas veces el conocimiento y los resultados no son suficientes para transformar un producto en uno de uso funcional y positivo para la sociedad. A nivel mundial sólo un 10% de las tecnologías que se desarrollan logran ser transferidas. En otras palabras, una de cada diez invenciones llega a tener uso práctico.
Si un investigador chileno decide buscar la cura para el cáncer, y luego de años de investigación y trabajo logra crear un compuesto, con excelentes resultados en laboratorio, debe transitar por un largo camino antes de ver su efecto en los pacientes. Uno de los primeros pasos, luego de encontrar la cura, es patentar este compuesto y transferir su descubrimiento a la sociedad a través de la elaboración de una vacuna o remedio. ¿Cómo hacerlo, y qué dificultades encontrará en su camino?
Lo primero, es patentar los resultados de su investigación en Chile, aunque la mayoría de los científicos prefiere hacerlo en Estados Unidos o Europa, debido a lo pequeño y limitado del mercado chileno. O quizás entablar negociaciones con alguna empresa farmacéutica, sin lograr importantes resultados. Tal vez el investigador consiga una firma de capital de riesgo dispuesto a invertir en su compuesto, pero los plazos y costos de una solución propia del mundo científico (muchos más largos que los del mercado) acabarán por desincentivar a los inversionistas.
Estos son sólo algunos ejemplos de las dificultades que enfrentan investigadores y científicos chilenos a la hora de transferir sus resultados, soluciones e invenciones al mercado y, finalmente, a la sociedad.
El Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (INAPI) afirma que la importancia de la transferencia tecnológica en un país, radica en que ésta puede ayudar a la sociedad a solucionar múltiples problemas sociales, como es el caso de las licencias farmacéuticas de productos destinados a la cura de enfermedades. Según la institución, el proceso de transferencia tecnológica permite también la circulación de la riqueza, además de la colaboración entre universidades y centros de investigación como desarrolladores de nuevas tecnologías, por una parte, y la empresa privada, como ente financiador por la otra.
En términos de mercado, según INAPI, la transferencia de tecnología puede favorecer la competitividad de las empresas, ya que éstas, al adquirir nuevas tecnologías, podrán desarrollar mejores productos y servicios a precios bajos. Esta transferencia, según la institución, puede también recuperar la inversión efectuada en I+D, que suele requerir grandes sumas de dinero.
En Chile, el potencial está y existen ejemplos de inventos transferidos exitosamente a la sociedad. Uno de ellos es el dispositivo antisísmico utilizado en edificios de gran altura, y que cumple la función de disipar la energía en estructuras y sistemas mecánicos afectados por movimientos sísmicos. Esta innovación fue desarrollada en 2010 por Juan Carlos de la Llera, académico de la Universidad Católica. A pesar de este caso, la realidad de la transferencia tecnológica en Chile no es tan fluida, como en ecosistemas de innovación con trayectoria.
"La calidad de la ciencia en Chile es muy buena (publicaciones ISI, por ejemplo), pero tenemos un muy bajo número de patentes", señala Conrad Von Igel, director ejecutivo de Comité InnovaChile de Corfo y agrega: "Por un lado las universidades no necesariamente conocen las necesidades o problemas que enfrentan las empresas y por otra parte, las empresas no se dan cuenta que las universidades y centros tecnológicos pueden entregar soluciones de largo plazo a sus problemas. Tanto desde la perspectiva de la transferencia, como de la difusión de tecnología".
El escenario nacional
Para Álvaro Ossa, actual director de Innovación en la Pontificia Universidad Católica de Chile y anterior subdirector de Transferencia Tecnológica y Propiedad Intelectual en la misma casa de estudios, el escenario nacional de transferencia ha cambiado en los últimos años, alcanzando poco a poco notoriedad e importancia.
"Hace diez años, nadie hablaba de trasferencia. Cinco o seis años atrás comenzaron a surgir incentivos más bien aislados respecto al tema. Sin embargo, de forma sostenida y sistemática, las iniciativas que fomentan la transferencia surgieron en los últimos dos años, tanto por parte del gobierno como de las universidades, que han puesto un énfasis en el tema de la transferencia. Hoy estamos en un buen pie, pero de todas maneras estamos bastante lejos de los estándares internacionales", sostiene Ossa.
Los estándares internacionales a los que se refiere Ossa son, por ejemplo, que en Israel se comenzó a trabajar estos temas en la década del cincuenta, a diferencia de Estados Unidos y Europa que lo hicieron en los años ochenta.
Oficinas de trasferencia
Desde la perspectiva de Ossa, las universidades están apostando por la obtención de patentes y por la transferencia tecnológica de las investigaciones de sus científicos. La Universidad de Chile, de La Frontera, Andrés Bello y la Universidad Católica, son sólo algunas de las instituciones que han formalizado este proceso. En 2013, la UC acumuló la obtención de 44 patentes, 27 en Chile y 17 en el extranjero. Y en el último año, la institución acumuló 203 solicitudes de patentes.
Según Ossa, el próximo desafío a nivel país, es terminar de establecer las oficinas de transferencia en las universidades, para luego formalizarlas. Otro, es incentivar la participación del sector privado en el proceso de transferencia. "Las empresas tienen mucho que hacer y aportar, pero todavía están bastante reticentes porque ven que los tiempos de la universidad son muy lentos en comparación con los del mercado. En la medida en que no acerquemos esas distancias, no se van a encontrar muy motivadas", sostiene el director de la UC.
El proceso de transferencia en universidades tiene diferentes pasos y mecanismos. Sin embargo, Ossa dice que existe un modus operandi general. Para transferir resultados de investigación con impacto positivo hay que detectar los potenciales resultados de investigación que tenga aplicabilidad, ya que no todas las investigaciones tienen potencial de ser transferidas. El segundo paso es la evaluación de la potencialidad de transferencia. "Vemos qué clientes existen, cuáles son los potenciales usuarios. Después de eso, lo importante es proteger los resultados a través de patentes, derechos industriales, propiedad intelectual y otros, para luego contactarse con potenciales interesados que tengan la intención de adquirir o invertir en la nueva tecnología".
"Todo este proceso de negocio debería terminar finalmente en una transferencia, puede ser a través de la creación de nuevas empresas por medio del spin off, o a través de dar derecho de uso en las tecnologías a través del licenciamiento", afirma Ossa.
El ámbito gubernamental no se ha quedado atrás en el incentivo de oficinas de transferencia. Según Von Igel, actualmente existen dos departamentos completos con un equipo de más de 25 personas que gestionan seis programas con un presupuesto anual de más de U$45 millones, cuyo propósito es promover la transferencia y difusión tecnológica en Chile. Los programas que hoy existen tienen como objetivos:
El primero busca difundir tecnologías y mejores prácticas empresariales en Chile a través del Programa de Difusión Tecnológica (PDT), cuyo objetivo busca que una amplia gama de pequeñas y medianas empresas tengan acceso a tecnologías de clase mundial y mejores prácticas que permitan a la Pyme ser competitiva en un mundo globalizado.
El segundo es apoyar la creación de la institucionalidad de Transferencia Tecnológica en Chile a través de concursos, como el fortalecimiento de oficinas de transferencia y licenciamiento, (OTL/OTT) de las universidades y centros tecnológicos, generando políticas de propiedad intelectual, de declaraciones de invención, de conflicto de interés y de comercialización de I+D.
El tercero es el fortalecimiento de capital humano en transferencia tecnológica, cuyo objetivo es generar capacidades en gestión de transferencia tecnológica y de la comercialización de I+D, en las universidades y centros tecnológicos.
El programa de atracción de centros de excelencia internacional (CEI), también es considerado como un programa que fomenta la transferencia, pues busca que los CEI se relacionen con universidades y centros de investigación nacionales y desarrollen conjuntamente el conocimiento y las soluciones tecnológicas antes señaladas. "Esto permitirá en el mediano plazo el desarrollo de capital humano nacional, entrenado y experimentado", señala Von Igel.
La última acción señalada por Corfo ha sido potenciar y apoyar la realización de actividades de Investigación y Desarrollo Aplicada como una forma de agregar valor al conocimiento generado en nuestras universidades y centros tecnológicos. Existe el concurso "Go to market", que tiene por meta apoyar la inserción de proyectos de I+D y tecnologías desarrolladas en Chile en mercados globales, además del programa de I+D aplicada, cuyo objetivo es cerrar la brecha (gap) entre la investigación realizada principalmente en las universidades y centros tecnológicos, con las necesidades de las empresas y el mercado. Los esfuerzos institucionales, ¿son suficientes?
La experiencia no tan exitosa de la transferencia
Ximena Ortega junto a Gloria Montenegro investigan hace veinte años las propiedades de los productos apícolas. Ya han patentado varios de sus descubrimientos y conocen los problemas del escenario de trasferencia tecnológica nacional. A través de un spin off llamado BeeLab, intentaron comercializar un spray desinfectante 100% natural, sin demasiado éxito. "Los mayores desafíos que enfrentamos fue llevar los resultados a cosas concretas y escalables" –comenta la académica de la UC, y agrega – "Hay una brecha del prototipo que tú generas a nivel de laboratorio y los comerciales, sobre todo a nivel de costos de los productos, pues el costo de la investigación no es traspasable al sector productivo, porque no son competitivos en el mercado".
Según la co-investigadora, las remuneraciones, los equipos, la escala, y los equipos con que se trabaja a nivel universitario, no son comparables al de los sistemas de trabajo en las empresas. Asegura que el desarrollo de un producto puede tomar mucho...
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